Iba a escribir sobre la necesidad de escribir, iba a vincular esta entrada a cómo me ha ayudado en mi día a día, en mis momentos buenos y no tan buenos escribir en este blog. Hoy celebramos, celebro, celebráis si queréis y gustáis, 13 años de blog.
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El bueno de Joan Carles March se marcó un gran post en julio pasado, que cayó en mis manos el domingo por la tarde por primera vez y que logró resumir en gran medida lo que yo quería decir hoy, pero desde el prisma de los pacientes. March habla del poder sanatorio de la escritura, y para ello recoge las palabras de grandes poetas, grandes blogueros de la esfera sanitaria y otra gente. Os animo a leerlo, porque creo que es interesante. La escritura es libertad, es sanación, es expresión de lo que los fonemas no pueden llegar a plasmar a través de los labios.

13 años de Los Mundos de Josete. Una breve reflexión.

Hoy se cumplen 13 años de la primera publicación de Los Mundos de Josete en blogger, la plataforma de blogging en la que publicamos, por el momento. Antes, para quienes no conozcáis la historia del abuelo cebolleta, lo hicimos en los extintos Windows Live Spaces. Pero de aquello, como si de una etapa anterior a los sumerios se tratase, no quedan registros. Ese es uno de los motivos por los que me estoy planteando un cambio de plataforma, porque un día de estos a alguien en Mountain View se le ocurre cerrar blogger y allí paz y después gloria.
En estos días de ajetreo social, en los que todos vamos de culo y a quien osa decir que vive relajado se le mira como quien mira al señor que busca oro con su aparatito en una playa, como si de un leproso en el siglo XIX se tratase, mantener un blog durante 13 años es de premio honorífico de la academia de blogueros. Esa que suele estar llena de vendehumos y guapitos de cara con la billetera llena.
Por el camino han sucedido mil cosas, nos ha adelantado gente, nos hemos dispersado y por ello no se ha sabido optimizar o sacar partido de las más de 800 entradas, no me he excedido al pulsar el botón del 0, más de 890. Lo que daría para estar montado en el dólar como están algunos que han sido más certeros, vendiendo humo, o haciendo genialmente su trabajo. Ya sabéis que en mi caso no es el único blog.  Y que si miro a los compañeros bloggers que han ido cayendo por el camino, me siento un privilegiado.
Esta es la 896º entrada, contado con toda la pompa con la que los norteamericanos hablan del número de presidente de los Estados Unidos. No me pidáis que lo escriba en letras porque tendría que volver al instituto o unirme a esos policías que reclamaban que las pruebas ortográficas fuesen más fáciles. Bromas fáciles a parte, he calculado que me quedan 10 años para llevar media vida escribiendo un blog, a veces me distraigo haciendo estos cálculos. Otras veces debería calcular antes de distraerme.

Gasolina para seguir escribiendo.

Podría seguir lamiéndome las heridas, o sacando pecho, o ambas a la vez. No se me da mal, sobre todo la primera. Pero no voy a caer en un lamento continuo. Escribo, disfruto, lo paso bien, y luego estáis vosotros, los lectores, que sois quienes dais sentido último al blog.
Me alucina que el lunes alguien me dijera que había comido con otro alguien que conocía mi blog. Mi blog. Esto que estás leyendo.
Me sigue fascinando la gente que lee, en secreto o que comenta, la gente que te dice “el de Los Mundos”, o la gente que te compara con gente enorme, con monstruos de la escritura.
En este punto sí que no puedo estar de acuerdo. Lo importante es que estéis ahí, que cada año se pueda escribir esta entrada, aunque venga acompañada de promesas vacuas o de lamentos por la leche derramada y el tempus fugit.
Hoy no quiero enredarme mucho más, quiero que todos habléis. Comentarios, retuits, compartir en redes sociales, o algo más sencillo y menos público, si es que sois de los que tenéis vergüenza de decir que leéis este blog.

El tío Sam te necesita. ¿Quieres colaborar? Por lo pronto, contesta a este formulario corto.

He quitado la coma del vocativo tras formulario, peligros de poner el “corto” al final de la frase, que nadie lea mal las cosas. He pensado que para seguir es bueno escuchar. Puedo ir al tun tun, pero es importante escuchar a quien te lee, al buyer persona del que hablan los marketinianos.
I want you, que decían los slogans para ir a la I Guerra Mundial en los Estados Unidos. Se requiere vuestra opinión, son 8 preguntas y no os va a llevar más de uno o dos minutos. Es totalmente anónimo, si así queréis que lo sea, salvo que en la última pregunta queráis contactar conmigo


¿Qué vas a hacer con esto?

En función de los resultados haremos o dejaremos de hacer. La idea es que las cosas mejoren, que las cosas cambien pero para dar un pasito más, dar preferencia a lo que os gusta. Al final escribes porque te quieres expresar, pero también escribes para que te lean. Y eso es lo que se quiere.

A la gente que nos ayudó, a la gente que nos inspiró: gracias.

No puedo terminar esta entrada sin dar las gracias a todos los que estáis a la otra parte de la pantalla. A toda esa gente que da like, retuit o comparte un enlace, a la gente que lee en silencio, y a la gente que te dice “por aquí”, o “esto no mola”. Siempre con la honestidad por bandera.
A los que ya nunca podrán leer esta entrada también quisiera recordarles, por desgracia la gente se va, algunos para siempre. No me olvido de vosotros. Como tampoco me quiero olvidar de la gente que nos inspiró en algún momento, que nos sigue inspirando, para todos vosotros es también esta entrada. Son también estos 13 años.
No hay nadie que me impida hacer sonar mi armónica. Y la armónica y el teclado seguirán sonando, me gusta escribir, me libera. Me gusta ver crecer los textos, aunque a veces el perfeccionismo los mate antes de ver la luz.
Y sí, quiero aprovechar esta entrada con aires melancólicos pero que es de celebración para ofreceros a todos y cada uno de los que me leéis que podemos hablar, que se os quiere escuchar, ‘bout how you saved my life. Hoy no se me ocurre mejor canción, que cada cual interprete lo que quiera, porque cada cual salvó mi vida de una manera. Talk tonight, de Oasis, interpretada por Noel (como siempre) en el MTV Unplugged de 1996.

Buenas noches y buena suerte.
Para cerrar, puedes estar más en contacto a través de twitter @mundosdejosete, facebook o seguir las playlists de spotify, que hay varias, algunas muy decentes. Te espero allí.





Volvemos a publicar entrada en el blog con la reseña de “El último barco”, libro de Domingo Villar. Una novela policíaca publicada por Editorial Siruela en su colección “Nuevos tiempos”. En su edición española en papel, la que leí, el ejemplar del libro cuenta con 707 páginas. Su primera edición data de 2019.
Leí este libro en verano, ya en el verano de 2019. Así que tengo delito, para que veáis hasta qué punto las cosas se acumulan y no se publican cuando toca.

Sinopsis de “El último barco”.

Mónica Andrade es la hija de un afamado médico vigués que vive en la otra orilla de la ría. Cada día la joven cruza la misma en un barco y amarra su bicicleta para cumplir con su jornada laboral en la Escuela de artes y oficios de Vigo, el barco completa el recorrido bidireccional y devuelve a la joven por la tarde hasta la zona menos poblada. A Mónica no se le conoce pareja y, aparentemente, vive sola.
El último Barco
Una mañana de otoño, el inspector Leo Caldas recibirá la visita del Dr. Andrade, el prestigioso médico quiere denunciar la desaparición de su hija, pero no quiere un escándalo público. Caldas comenzará a investigar, con bastante desgana al principio, lo que no acaba de parecer una desaparición al uso.
Aparentemente, la joven dejó su casa de manera normal, no hay signos de violencia, ni de que las cerraduras de las puertas o las ventanas hayan sido forzadas. Hasta su gato tiene comida y bebida para subsistir.
La presión y la ansiedad del prestigioso y conocido doctor Andrade, unido a una serie de coincidencias, harán que la prensa comience a hacer preguntas incómodas. Sobre todos los amigos de la desaparecida se ciernen halos de misterio, historias románticas presentes o pasadas y algún que otro silencio que puede ser malinterpretable. Sólo la calma y el tesón de Caldas mantendrá la investigación aparentemente bajo control.

Crítica de “El último barco”

He de reconocer que me costó cogerle el ritmo a la novela de Domingo Villar. Este es el primer contacto con el inspector Leo Caldas y con el autor, padre de la criatura. El sentimiento para resumir el ritmo de esta novela, la palabra para evocar la velocidad de este libro es Paciencia. Con la paciencia de un orfebre es como parece construirse el relato, con la meticulosidad de un investigador que está de vuelta de la vida y no tiene prisa por acabar su obra. Domingo Villar parece querer que todos abracemos el ritmo y la calma del inspector Caldas, y lo logra.
Aunque esa cadencia elaborada a ritmo de metrónomo pueda parecer exasperante, la construcción del caso, el devenir de los acontecimientos y la calma del protagonista no hacen más que transmitir un mensaje de meticulosidad laboral que bien pudiera servir de ejemplo para muchos de nosotros.
Los personajes se construyen a este ritmo, se muestran con su cara más aparente pero también con sus miserias y sus secretos a poco que se les investiga. El inspector Caldas tampoco es una excepción, ya que sus historias familiares y amorosas estarán bien presentes y tendrán su influencia en el transcurrir de los acontecimientos.
Todo parece fluir y todo tiene sentido. Villar genera un clima que acaba por envolver al lector, y no es casualidad el éxito de este escritor y sus novelas. El ecosistema, la narrativa, su prosa, nos retrotrae al lugar de los hechos, a sus escenarios, nos hace abrazar a un perturbado y odiarlo unos pasajes más tarde.
El autor puede hacer que en esta novela el lector se traslade al escenario de los hechos: playas de olas mansas de la Ría de Vigo donde las mariscadoras rastrillan la arena y los marineros lanzan sus aparejos y que contrastan con el bullicio de la otra orilla de la Ría. Estas mismas playas de olas mansas contrastan con la tensión de los hechos.
La descripción pormenorizada y la creación de otro escenario que Villar hace de la Escuela Municipal de Artes y Oficios de Vigo acrecienta el interés por oficios artesanales como el de los luthiers, o los ceramistas. Por si fuera poco, el autor introduce un elemento más en el entorno de la Escuela Municipal: el vagabundo Napoleón, que suele frecuentar la Escuela y que regala a Leo Caldas, y por ende al lector, citas célebres y diálogos entretenidos.
A su vez, contrasta el brutal el retrato de esa la orilla de la Ría menos poblada, de cómo se esconden los secretos y se estigmatiza a un joven con trastorno mental. Villar confronta la lucha y la desazón que en el doctor Andrade vive desde que Mónica no se presentó a una comida familiar, y de cómo la exasperación de un padre puede acabar por dirigir las iras y las culpas hacia un chico con problemas mentales.
En El último barco se congregan elementos típicos de la novela negra, como con un pasado familiar oscuro. Por otra parte, y aunque los personajes no sean excesivamente elaborados, es capaz de sacar una sonrisa con la construcción de los mismos como el padre del inspector Caldas o su propio compañero, Estévez.
Aunque la trama no sea de una elaboración extremadamente larga, algo que sí contrasta con la extensión en páginas de la novela, es cierto que la ambientación y la construcción de los personajes, junto con el detalle meticuloso de la investigación, que introduce hasta las esperas a pruebas de resultados, los no hay avances en la investigación, los la familia quiere saber, confieren a esta novela una singularidad especial.
Para acabar, quisiera aclarar que aunque parezca que últimamente sólo reseño novelas negras, porque el anterior libro reseñado fue El secreto de Christine de Benjamin Black, ha sido coincidencia que estos dos libros se sucedan en la publicación de sus críticas.
Recomiendo leer El último barco, el último libro de Domingo Villar es entretenido, elaborado, con una construcción del relato y de los hechos muy trabajada y que seguro que acabar por hacer pasar un buen rato al lector. Y de eso, queridos amigos, es de lo que va la literatura en la mayoría de los casos. Si me pedís una valoración numérica, valoración: 7,7.

Buenas noches y buena suerte.


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Nuestra recomendación siempre es que acudáis a vuestra librería de barrio a por este libro. Pero si quieres leer “El último barco” sin salir de casa puedes comprarlo en Amazon, desde este enlace estarás ayudando a mantener el blog, aunque sea con una mínima comisión que nos llevamos.