Reseña de “El último barco”, libro de Domingo Villar.

Volvemos a publicar entrada en el blog con la reseña de “El último barco”, libro de Domingo Villar. Una novela policíaca publicada por Editorial Siruela en su colección “Nuevos tiempos”. En su edición española en papel, la que leí, el ejemplar del libro cuenta con 707 páginas. Su primera edición data de 2019.
Leí este libro en verano, ya en el verano de 2019. Así que tengo delito, para que veáis hasta qué punto las cosas se acumulan y no se publican cuando toca.

Sinopsis de “El último barco”.

Mónica Andrade es la hija de un afamado médico vigués que vive en la otra orilla de la ría. Cada día la joven cruza la misma en un barco y amarra su bicicleta para cumplir con su jornada laboral en la Escuela de artes y oficios de Vigo, el barco completa el recorrido bidireccional y devuelve a la joven por la tarde hasta la zona menos poblada. A Mónica no se le conoce pareja y, aparentemente, vive sola.
El último Barco
Una mañana de otoño, el inspector Leo Caldas recibirá la visita del Dr. Andrade, el prestigioso médico quiere denunciar la desaparición de su hija, pero no quiere un escándalo público. Caldas comenzará a investigar, con bastante desgana al principio, lo que no acaba de parecer una desaparición al uso.
Aparentemente, la joven dejó su casa de manera normal, no hay signos de violencia, ni de que las cerraduras de las puertas o las ventanas hayan sido forzadas. Hasta su gato tiene comida y bebida para subsistir.
La presión y la ansiedad del prestigioso y conocido doctor Andrade, unido a una serie de coincidencias, harán que la prensa comience a hacer preguntas incómodas. Sobre todos los amigos de la desaparecida se ciernen halos de misterio, historias románticas presentes o pasadas y algún que otro silencio que puede ser malinterpretable. Sólo la calma y el tesón de Caldas mantendrá la investigación aparentemente bajo control.

Crítica de “El último barco”

He de reconocer que me costó cogerle el ritmo a la novela de Domingo Villar. Este es el primer contacto con el inspector Leo Caldas y con el autor, padre de la criatura. El sentimiento para resumir el ritmo de esta novela, la palabra para evocar la velocidad de este libro es Paciencia. Con la paciencia de un orfebre es como parece construirse el relato, con la meticulosidad de un investigador que está de vuelta de la vida y no tiene prisa por acabar su obra. Domingo Villar parece querer que todos abracemos el ritmo y la calma del inspector Caldas, y lo logra.
Aunque esa cadencia elaborada a ritmo de metrónomo pueda parecer exasperante, la construcción del caso, el devenir de los acontecimientos y la calma del protagonista no hacen más que transmitir un mensaje de meticulosidad laboral que bien pudiera servir de ejemplo para muchos de nosotros.
Los personajes se construyen a este ritmo, se muestran con su cara más aparente pero también con sus miserias y sus secretos a poco que se les investiga. El inspector Caldas tampoco es una excepción, ya que sus historias familiares y amorosas estarán bien presentes y tendrán su influencia en el transcurrir de los acontecimientos.
Todo parece fluir y todo tiene sentido. Villar genera un clima que acaba por envolver al lector, y no es casualidad el éxito de este escritor y sus novelas. El ecosistema, la narrativa, su prosa, nos retrotrae al lugar de los hechos, a sus escenarios, nos hace abrazar a un perturbado y odiarlo unos pasajes más tarde.
El autor puede hacer que en esta novela el lector se traslade al escenario de los hechos: playas de olas mansas de la Ría de Vigo donde las mariscadoras rastrillan la arena y los marineros lanzan sus aparejos y que contrastan con el bullicio de la otra orilla de la Ría. Estas mismas playas de olas mansas contrastan con la tensión de los hechos.
La descripción pormenorizada y la creación de otro escenario que Villar hace de la Escuela Municipal de Artes y Oficios de Vigo acrecienta el interés por oficios artesanales como el de los luthiers, o los ceramistas. Por si fuera poco, el autor introduce un elemento más en el entorno de la Escuela Municipal: el vagabundo Napoleón, que suele frecuentar la Escuela y que regala a Leo Caldas, y por ende al lector, citas célebres y diálogos entretenidos.
A su vez, contrasta el brutal el retrato de esa la orilla de la Ría menos poblada, de cómo se esconden los secretos y se estigmatiza a un joven con trastorno mental. Villar confronta la lucha y la desazón que en el doctor Andrade vive desde que Mónica no se presentó a una comida familiar, y de cómo la exasperación de un padre puede acabar por dirigir las iras y las culpas hacia un chico con problemas mentales.
En El último barco se congregan elementos típicos de la novela negra, como con un pasado familiar oscuro. Por otra parte, y aunque los personajes no sean excesivamente elaborados, es capaz de sacar una sonrisa con la construcción de los mismos como el padre del inspector Caldas o su propio compañero, Estévez.
Aunque la trama no sea de una elaboración extremadamente larga, algo que sí contrasta con la extensión en páginas de la novela, es cierto que la ambientación y la construcción de los personajes, junto con el detalle meticuloso de la investigación, que introduce hasta las esperas a pruebas de resultados, los no hay avances en la investigación, los la familia quiere saber, confieren a esta novela una singularidad especial.
Para acabar, quisiera aclarar que aunque parezca que últimamente sólo reseño novelas negras, porque el anterior libro reseñado fue El secreto de Christine de Benjamin Black, ha sido coincidencia que estos dos libros se sucedan en la publicación de sus críticas.
Recomiendo leer El último barco, el último libro de Domingo Villar es entretenido, elaborado, con una construcción del relato y de los hechos muy trabajada y que seguro que acabar por hacer pasar un buen rato al lector. Y de eso, queridos amigos, es de lo que va la literatura en la mayoría de los casos. Si me pedís una valoración numérica, valoración: 7,7.

Buenas noches y buena suerte.


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