Si viviéramos en la Argentina, no olviden el artículo para referirse a la tierra del tango, hoy celebraríamos la fiesta de los 15 años. En realidad, sería una fiesta repleta de familiares y amigos que ven como despegas de la niñez en busca de un horizonte repleto de hormonas y fogosidad, de sueños que incumplir y aprendizajes a base de golpes, de amistades que romper, relaciones que experimentar y pruebas que superar.

Algo así es hoy este blog, que cumple 15 años desde aquel lanzamiento en Blogger un 19 de enero de 2007. Aunque, como cuento cada año (empiezo a tener complejo de abuelo cebolleta), estábamos antes en Windows Live Spaces, digamos que Los Mundos de Josete tiene una fecha de lanzamiento en aquel día.

No voy a tirar del “15 años tiene mi amor” del Dúo dinámico. Sigo bajo los influjos del Resistiré y puede que nunca más pueda acercarme a ese par de maduritos simpaticones y campechanos sin pensar en las 8 de la tarde de la primavera de 2020.

Hace tres lustros no pensaba en las oportunidades perdidas, en la de gente que ha hecho pasta a raudales en internet en estos 15 años mientras yo me he pasado el rato escribiendo mis cosas, siendo irregular y trabajando. A lo mejor, si me hubiera creído que se podía lo hubiera logrado. No es que me crea un escritor reputado ni mejor que los demás, pero es que empiezo a creer que esto se me da bien.

Como un adolescente envalentonado, me atrevo a escribir sin tener miedo, pero sigo teniendo barreras mentales. Limitaciones de tiempo, de trabajo, de miedo a enviar textos a lugares glamurosos pero inhóspitos. Quizás ser workaholic me ha arrastrado a vivir como Ben Sanderson a la espera de mi Sera particular. No pretendo ganar el Óscar al mejor actor, pero sí sentirme como en Las Vegas.

Tres lustros en cifras.

Pero vayamos al aniversario, que estoy hablando de mí y no del blog. Mi vida a nadie le importa, esa versión de Los Mundos en la que compartía mis apreciaciones mentales (movidas dirían los modernos) ya pasó a la posteridad. Hoy los libros se han apoderado de este blog, y lo han hecho para despegar, para lograr multiplicar la audiencia y encontrar ese punto de difusión y conocimiento que empuja a seguir.

Y es que 2021 fue el mejor de los 15 años de Los Mundos, y lo fue por mucho: 28131 lectores se acercaron a ver las páginas de este humilde blog. Números que para algunos serán discretos, pero que para mí son todo un logro, puesto que el mejor registro anterior fue el de 2017 con 24430 vistas de página.

Por poner un poco en perspectiva las cifras, sólo en 3 años se logró superar las 20000 visitas. El promedio de los 15 años está en 13000 visitas


Hacia dónde van a ir Los Mundos de Josete.

Como ese adolescente de 15 años, el futuro es apasionante. Vuelvo a “hablar de mi libro”, hoy es el día de contar orgulloso ese Curso de Periodismo Cultural que realicé en Cursiva con el bueno de Álvaro Colomer, con compañeros maravillosos y con encuentros con figuras del orden de Juan Cruz, Rosa Belmonte, Karina Saiz Borgo, Jorge Fernández Díaz, o Sergio Vila-Sanjuán. Encuentros con decenas de notas, con muchas anécdotas y con un poso que es imborrable.

Pues bien, este tipo de formaciones, que además sirvieron para romper con la rutina, marcan el camino de este blog. Un camino eminentemente cultural, pero sin perder de vista el toque Josete, que es la gran ventaja de regentar tu propio blog o medio.

En el horizonte, el salto de Blogger a wordpress, en busca de mejor diseño, estabilidad y teniendo servidor propio que no dependa de terceros.

Pero lo más importante, es seguir escribiendo, reseñando, llegando y emocionando. Crecer en visitas es un círculo virtuoso, llegas a más gente y esa gente te hace llegar a más gente. A su vez sientes que puedes volar, que conectas con lectores y que todo comienza a tener sentido.

Photo by Adi Goldstein on Unsplash


Como un contrato de buenas palabras conmigo mismo, busco la manera de llegar más días, con más entradas, con mayor presencia.

Para lograr dicho objetivo nacieron algunas iniciativas como “Los domingos de Los Mundos” o “La máquina del tiempo”, que han venido para tratar de conectar con la audiencia a través de diversos canales y revitalizar el contenido de estos años de blog.

Caminando ya hacia los 16 años, y con ganas de seguir creciendo, este blog celebra, y quiere celebrar su 15º aniversario con todos vosotros. Esperamos, como cada 19 de febrero, escribir una entrada tan intrascendente como emocionante. Lo importante no es celebrar, lo importante es que cada vez más gente se identifique con este blog.

Buenas noches y buena suerte.

 Tras el éxito de Berta Isla, el sempiterno aspirante a Nobel de literatura patrio Javier Marías publicó Tomás Nevinson (Alfaguara, 2021). Podría catalogarse como la segunda parte de Berta Isla, y no iríamos desencaminados, pero es cierto alguien podría leer la novela sin haber leído la primera y no pasaría nada, puesto que hay muchos hechos que guardan correlación.

Nota importante: Este artículo puede desvelar algún elemento fundamental de la trama de  Berta Isla.

Tras volver a casa Tomás Nevinson vive una vida aparentemente plácida y alejada de su anterior actividad. Trabaja en un puesto intermedio y anónimo en la embajada británica en Madrid. Todo transcurre con ilusoria normalidad hasta la aparición de Tupra, su superior en sus anteriores labores, quien le encomendará una misión frente a la que Nevinson no sabrá qué responder: seguir a una posible colaboradora de la banda terrorista ETA de la que apenas se tienen datos y localizarla. Se sabe su identidad real, Magdalena Orúe O’Dea, que es irlandesa, y que estuvo implicada en dos de los atentados terroristas más sangrientos de ETA, el de Hipercor en Barcelona y el de la Casa Cuartel de Zaragoza, ambos perpetrados en 1987.


Todo ello en Ruán, la ciudad ficticia (o no tanto) del norte de España, a la que el protagonista deberá desplazarse. Nevinson deberá transformarse en Miguel Centurión, un discreto profesor sustituto, y escoger entre tres mujeres que Tupra le pondrá sobre la mesa pero que son aparentemente normales: la dueña de un bar, la “gigante” Inés; la mujer de un afamado político, Celia Bayo, y María Viana, la pareja de un adinerado empresario.

El viaje de Nevinson le separa nuevamente de los suyos. Su aventura arranca sin apenas pistas, sin ayuda externa y con la presión de sus superiores. “Estamos en manos de quienes nos conocen de antaño, los que más pueden perjudicarnos son quienes nos han visto de jóvenes y nos han moldeado, no digamos quienes nos han contratado y pagado, o se han portado bien y nos han hecho favores”. Tomás Nevinson se verá abocado a volver a renunciar, una vez más, para cumplir con el deber.


En esta ocasión Javier Marías imbuye al lector en diversos dilemas morales de elevado calado a través de Tomás Nevinson. El primero se presenta cuando el protagonista tiene que decidir quién es la culpable de entre un grupo de mujeres sospechosas. Nevinson debe tener la certeza de elegir bien a la terrorista, pues es posible que una mala elección tenga consecuencias nefastas para la “presunta” culpable.

El segundo de los dilemas a los que se enfrenta Tomás Nevinson es de tipo familiar. Renunciar de nuevo a su vida por el servicio a la patria y alejarse de Berta y los niños, todo muy novelesco y heróico. Pero lo más doloroso es saber que ellos ya tienen su vida y que se acostumbran a esa distancia. “Despés de haber sucedido, cuesta mucho no suceder”. Berta no va a transigir con las excusas de Nevinson y el trabajo volverá a alejarlos.

La voluntad de cambio y la tesitura de vivir entre dos aguas es otra de los aspectos que aborda Marías durante la aventura de Nevinson. De ahí la procrastinación o la postergación de decisiones a la hora de cumplir con la misión encomendada. “Sólo el primer paso cuesta. Quizás se podrá decir eso de todo, o de la mayoría de los esfuerzos y de lo que se hace con desagrado o repugnancia o reservas, es muy poco lo que se acomete sin ninguna reserva, casi siempre hay algo que nos induce a no actuar y a no dar ese paso, a no salir de casa y no movernos, a no dirigirnos a nadie y a evitar que otros nos hablen, nos miren, nos digan”. Una reflexión que encajaría en cualquier libro de gestión del tiempo y la productividad.

El eterno aspirante a Nobel de literatura español tampoco rehúye otro tipo de aspectos morales de calado universal, como son la muerte, la justicia y la pena capital: “La mayoría de las personas lo ven demasiado drástico, excesivo, tienden a pensar que hay salvación para cualquiera, en el fondo creen que podemos cambiar todos y también ser perdonados, o que cesará una peste humana sin necesidad de aniquilarla. Y además los otros dan pena en abstracto, cómo voy a quitarle la vida a nadie”. 

Nevinson, en la soledad de esa ciudad de cuyo nombre Marías no quiere acordarse, reflexionará mucho sobre su misión y las implicaciones morales. Todo ello lo hace sin alejarse del concepto de justicia tardía, esa que nunca logra reparar completamente a las víctimas y que los seres humanos no logramos resolver como algo propio o ajeno. Como sujetos que jugamos a ser dioses: “Lo todavía no sucedido carece de prestigio y de fuerza, lo previsto y lo inminente no bastan, la clarividencia es desoída siempre, es necesario que todo sea corroborado por los terribles hechos, cuando es tarde y no tienen arreglo ni se pueden deshacer”.

Sin exonerar a los terroristas, Marías no rehúye la denuncia de la guerra sucia por parte de los aparatos de los estados, tanto el británico como el español. Las reflexiones del propio autor sobre dicho tema acaban por adueñarse del relato, que en ocasiones es denso, pero que tienen ese tinte reflexivo típico del autor “Y lo que toca entonces, paradójicamente, son el castigo o la venganza, que aún cuestan más y son de muy distinto cariz; porque ya no se trata de evitar una calamidad venidera ni quizá más abominaciones, lo cual ayuda sobremanera a justificar el asesinato, la acción de matar (ayuda la idea de conjurar la reincidencia, de impedir la reiteración, de detener nuevas desgracias). No, aquí es posible que quien haya cometido un crimen, o haya incurrido en traición o en delación, no tenga intención de volver a hacer daño nunca a nadie más; que no sea un peligro permanente y que su conducta punible fuera producto del miedo o de la debilidad o el trastorno, una excepción”.

Opinión personal.

Como el lector de esta crítica podrá comprender, tras esta trama de aparente espionaje Javier Marías se lanza a analizar las disquisiciones morales a través del protagonista de la novela, Tomás Nevinson, un agente que vive y trabaja al margen de la ley cuando debiera estar disfrutando de un retiro dorado. Pero en todas sus reflexiones se encuentran las reflexiones de tantos y tantos seres humanos enfrentados al terrorismo: venganza, ira, rabia, poder, justicia. Y otra más universal todavía: ¿podemos huir de nuestro pasado?

Ya se ha mencionado, pero la política y las estructuras de los estados quedan también en entredicho. Y las hipótesis planteadas por el autor, como la colaboración entre servicios secretos afectados por el terrorismo, dejan entrever que dicha hipótesis pudo ser real. Basta con introducir un poco de verdad en la mentira para que ésta no sólo resulte creble, sino irrefutable.

Un Marías por momentos brillante se presta a una especie de juego con el lenguaje y con las barreras del idioma entre británicos y españoles para lanzar sus reflexiones en voz alta. Sirva como ejemplo el jueguecito a raíz del famoso “A enemigo que huye puente de plata”. Con una reflexión por parte de los británicos muy clara: “Eso es un error imperdonable, por mucho que tengáis el dicho. Es el dicho de un país suicida, así os ha ido en la historia. Nadie os asegura que, una vez cruzado el puente, el enemigo no lo desmonte y no se lleve la plata consigo. Sin puente resultará inalcanzable aunque cambiéis de idea, y encima le habréis dado medios para recomponerse. Con vuestra plata comprará mercenarios y volverá a la carga con más fuerza”. Toda una confrontación entre ambas culturas fruto de la experiencia de Marías, gran conocedor de la cultura británica. “Nosotros pensamos de manera opuesta, pero no es un dicho, sino Shakespeare: Hemos chamuscado a la serpiente, no la hemos matado, le advierte Macbeth a su señora. Y añade: Sanará y será la misma, mientras nuestra mediocre alevosía permanece expuesta al peligro de su antiguo colmillo”. 

De Shakespeare y su “liturgia” se hará valer Javier Marías a lo largo de Tomás Nevinson en diversas ocasiones a lo largo de la obra: “Todo se ha gastado, nada se ha obtenido. Es más seguro ser lo que destruimos que morar, por la destrucción, en una alegría dubitativa”, Lady Macbeth. Pocos autores tan universales y con contenidos tan filosóficos como Shaekspeare.

Si bien es cierto que la ficción puede superar a la realidad, Javier Marías advierte sobre los peligros de emprender determinados caminos con incierto final “La vileza de los padres resulta irresistible para los hijos, y si no, para los nietos”. Algo que, en un país acostumbrado a cerrar procesos violentos en falso, debiera servirnos para reflexionar, a todos. Y lo hace con más Shakespeare “Mejor estar con los muertos que yacer en un éxtasis inquieto con la mente torturada. E incluso llega a envidiar

Marías pone en perspectiva el pasado de los espías retirados, y compara el dolor causado (y sus secuelas) con lo que debe padecer un terrorista a nivel moral, si es que lo padece, claro está. No faltan las conexiones con “No digas nada”, el libro de Patrick Radden Keefe que reseñamos el pasado agosto, al establecer conexiones entre el problema que tiene que enfrentar Tomás Nevinson y Dolours Price.

Nevinson es un personaje apesadumbrado por experiencias anteriores, cautivo de una profesión que no le deja tener una vida ajena. “Quien no tiene visión ni ambición de futuro suele ser alguien resignado a las circunstancias de su nacimiento o bien alguien con un pasado muy grave, es decir, muy pesado, tanto que debe emplear sus energías y su imaginación en ocuparse exclusivamente de él, sin cabida para más. Suele ser alguien que considera que ya ha llenado el cupo de sus experiencias o de sus ajustes o de sus maldades antes de tiempo, que le toca ya estarse quieto y no traer más desgracias ni heridas con su movimiento o su actividad, con su divagar”. El arrepentimiento se hace presente en todo el libro y Nevinson cerrará en falso su aventura. Marías nos regala un final tan caótico como la vida de su protagonista.

Pudiera parecer que estamos ante un libro que sólo trata hechos pasados. Sin embargo, Marías no esquiva temas actuales como los populismos o la polarización. Aunque la novela se sitúe 25 años atrás, habla bien a las claras de fanatismo “peligroso y contagioso”. Y de eso, querido lector, en España vamos sobrados, sea el tiempo que sea.

Aunque Tomás Nevinson es una obra por momentos carente de ritmo, Marías logra contagiar al lector del tedio en el que se mueve el protagonista. Causado, sin duda, por la angustia de su situación.

La crítica ha nombrado a Tomás Nevinson como mejor novela en español de 2021. Al menos así lo estiman los expertos de El Cultural. No tengo elementos para atreverme a rebatir dicho nombramiento, por no haber podido leer todos los libros que competína en dicha lid. 

Lo cierto es que Marías logra, una vez más, que el lector viva la novela que él quiere que viva. Que el ritmo sea el que marcan las vivencias del protagonista. Y, además, conjuga todo ello con una trama de espionaje y terrorismo edificada sobre los cimientos sólidos de la memoria colectiva en un tiempo en el que empiezan a abundar novelas sobre ETA a raíz del éxito de Patria. Pero, sin duda, el factor más reseñable de esta novela es el peso de la moral y la filosofía a través de conceptos universales como justicia, venganza, paz y castigo. Novela muy recomendable. Valoración: 8.


Buenas noches y buena suerte.


Ficha técnica de Tomás Nevinson:

Nº de páginas: 688

Editorial: ALFAGUARA

Idioma: Castellano

Encuadernación: Tapa blanda

ISBN: 9788420454597

Año de edición: 2021

Plaza de edición: España

Fecha de lanzamiento: 11/03/2021

 

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