La sátira está infravalorada. Entre los autores que en los últimos años se han dedicado a reivindicarla con mayor o menor acierto se encuentra David Trueba. El escritor madrileño vuelve, tras Tierra de campos (Anagrama, 2017), con Queridos niños una divertida novela sobre la política y las campañas electorales y lo hace dentro de Anagrama, la editorial con la que suele publicar.

Basilio es un personaje que vive como un outsider y que piensa que sus días de gloria ya pasaron. Obeso, alcohólico, apartado de la vida pública, el Hipopótamo, como le conocen algunos de sus adversarios, va a recibir un encargo de lo más extraño: ayudar a ganar las elecciones generales a Amelia Tomás, la candidata conservadora.

Amelia, que viene de la Universidad, y que vive una vida aparentemente aburrida al lado de su vetusto marido, les separa una diferencia de edad considerable. Fue parte del gobierno de Los Cuervos salpicado por la corrupción, pero es una figura independiente y que no tiene, a priori, las manos manchadas. Ni su propio partido, lleno de intrigas y luchas cainitas, va a confiar en la victoria de Amelia.

Basilio, Amelia, y el resto del equipo formarán parte de una peculiar caravana de campaña que recorrerá casi todo el país en autobús. En cada una de las capitales de provincia y pueblos, es muy entretenido el capítulo en el cual Amelia visita su pueblo natal (perdido en la provincia de Teruel), la comitiva tendrá que lidiar con escándalos, filtraciones, declaraciones fuera de tono, ataques de los rivales o presiones e informaciones de los periodistas.

La comitiva, el equipo íntimo de Amelia Tomás, tendrá que marcar perfil propio frente a Los Blanditos, grupo de compañeros de partido que representarán al “aparato” del mismo. “Todo el mundo allí se llamaba Bosco, Alonso, Pelayo y Borja”. Se trata de Carlota, Arroba, Tania, Cuca, y el peculiar conductor de autobús, Rómulo, que deparará anécdotas divertidas a lo largo del libro, como poner la misa en la radio del autobús el primer domingo que el partido democristiano estuvo de viaje.

Trueba no se va a mojar en absoluto con respecto a nombres, partidos, medios de comunicación o figuras públicas, pero el lector, a poco que hile, va a poder trazar paralelismos con la actualidad política.

El escritor aprovechará la coyuntura para enfrentar al lector a debates populistas de nuestro tiempo “La democracia sólo tiene un punto débil. Depende de la gente… Las mejores democracias surgen tras las guerras, tras los desastres, tras los desmanes. Cuando aún está reciente el dolor, la memoria del daño. Con el paso del tiempo, olvidan el traume y vuelven a precipitarse hacia el fuego”. Un fragmento tan demoledor y de actualidad que no necesita más comentario. Porque plasma a la perfección los tiempos que estamos viviendo.

Basilio va a ser un espejo ante el cual enfrentar las verdades, alguien que no se va a callar, que va a cambiar la pusilanimidad de la candidata por un perfil propio capaz de parecer ganadora y optar a la victoria. Trueba ha realizado una auténtica obra de reflexión filosófica y política, un manual popular, no por el partido, sino por la facilidad de sus parábolas. Ni se corta ni se esconde, todo está entre líneas y todo se puede aprender en un entretenido diálogo o reflexión. Queridos niños no es un libro Maquiavelo o Platón, pero deja claros los fundamentos del noble y vilipendiado arte de la política:

“Cada vez que te pongan frente a un imbécil, disfruta de ofrecer el contraste a quienes estén mirando. No entres a su juego. Imitar no es seducir. Los lameculos imitan. La gente con personalidad invita a subir un escaloncito a su interlocutor, a ir un poquitín más arriba del nivel en el que estaba, pero sin pasarse de listo”.

Queridos niños, crítica del libro de David Trueba


Un Basilio que tratará con desdén a Los Miserables, término en el que se refiere a la prensa, pero que también sabrá jugar con ella y con los trapos sucios que de sus oponentes vayan apareciendo a lo largo de la campaña electoral. “No vayas al mundo mediático a hacer amigos, sino a hacerlos trizas”.

La composición del espectro político de Queridos niños no dista mucho del que vivimos en la España de 2021. 5 partidos con candidatos variopintos El Mastuerzo, La Cachorra o El Santo, el Cojo.

Trueba mezclará bajas pasiones, pasado, ilusiones, comentarios antiguos, y expondrá a todo un país ante dilemas morales como, por ejemplo, si el alquiler en B supone un problema o no. Pero también radiografía a un país desigual, “Sólo en Madrid, en la Administración del Estado, trabajan tantas personas como habitantes hay en Castellón”.

“No creo que esas preocupaciones inciten un voto masivo. Estoy convendico de que si Dios existe y se presentara a las elecciones lo haría sin éxito. Porque mis queridos niños saben que nadie es lo suficientemente perfecto para mandarles a ellos.”

Queridos niños es el término utilizado por Basilio, toda una mina de motes, para referirse a los votantes. Y es, un término genial, son/somos manipulables, moldeables, nos movemos por pasiones y por cánones de rectitud que no aplicamos en nuestras propias vidas, nos gusta sentirnos ganadores como se siente el aficionado a un equipo de fútbol, y pensamos que lo sabemos todo y que tenemos el suficiente juicio para emitir un voto y que ese voto sea clave.

En el debe de esta novela, salvo Basilio, y Amelia a ratos, los personajes no evolucionan, no se muestran excesivamente humanos. En el caso de Basilio, su denigrante humanidad le convierte en objeto de todo tipo de aventuras, y no todas ellas agradables. En el caso de Amelia, el autor trata de humanizar a una candidata aparentemente sin mucho carácter ante el electorado. Puede que fuera intención del propio Trueba no generar vínculos entre personajes y lectores, ya que busca que el lector se vea a sí mismo como votante.

Pero poco más, el cinismo de la obra de David Trueba no viene acompañado, esta vez, de ese vínculo humano que se suele establecer entre el lector y sus personajes. Salvo en dos contadas excepciones, y el de Amelia Tomás no es un personaje excesivamente emotivo, el autor no logra crear esa parte “humana” que convierte una historia, una sátira, un “sainete”, en algo más que eso.

Sin embargo, Trueba logra, sin grandes alardes literarios, una novela divertida, amena, un retrato de la política española de finales del siglo XX y de principios del siglo XXI. Ojalá en todas las facultades de Ciencias políticas o de la información se lea este libro, aunque sólo sea por diversión. Ojalá todo votante sea capaz de verse reflejado en este libro, ojalá todo director de campaña lea este libro. Pero lo más interesante no es leer, sino reflexionar sobre lo leído, y eso es algo que no harán todos los queridos niños.

Valoración: 7.5

Buenas noches y buena suerte.

Ficha técnica:
ISBN978-84-339-9930-6
EAN9788433999306
PVP CON IVA19.9 €
NÚM. DE PÁGINAS456
COLECCIÓNNarrativas hispánicas
CÓDIGONH 678
PUBLICACIÓN01/09/2021

 Dicen que la política hace extraños compañeros de cama. A la cultura se le puede aplicar el mismo axioma, y fruto de ello tenemos el libro que hoy visita Los Mundos de Josete: “Música, sólo música”, vamos con la crítica del libro de Haruki Murakami y Seiji Ozawa.

Música, sólo música se publicó primigeniamente en Japón en 2011 bajo el título Ozawa seiji-san to, ongaku ni tsuite hanashi o suru, llegó al mundo anglosajón, previa traducción al inglés, en noviembre de 2016 como Absolutely on Music: Conversations with Seiji Ozawa.  Tusquets lo publicó en España en 2020, casi 10 años después. Un poco más y se publica de un modo póstumo, teniendo en cuenta que Ozawa nació en 1935 y Murakami, más joven, en 1946.

Reseña de "Música, sólo música", libro de Haruki Murakami y Seiji Ozawa. Un libro de entrevistas deliciosas sobre música clásica.


Curiosidades aparte, el prólogo de la obra corre a cargo de un demoledor y filosófico Murakami, que lanza un mensaje que más bien podría ser parte de otro tipo de libros:

“A las personas creativas no les queda más remedio que ser arrogantes. Dicho así puede sonar arrogante, pero es un hecho indiscutrible. Los que siempre miran a su alrededor, que prefieren evitar problemas y no causar molestias a nadie, nunca podrán tener un trabajo creativo, sea cual sea. Para producir algo desde cero hace falta mantener una profunda concentración, un esfuerzo enorme. La mayoría de las veces esa concentración se logra en un lugar donde no cabe la armonía con los demás, un lugar que se puede calificar como dämonisch, demoniaco”.

Tras esta perla, Murakami sigue profundizando en un tema tan recurrente como espinoso: la dificultad de combinar vida social y ego creativo. Como prólogo arranca con una intensidad vigorosa, ¿quién da más?

Música, sólo música, algo más que entrevistas.

El libro es un compendio de entrevistas mantenidas entre los dos artistas, el escritor Haruki Murakami y el director Seiji Ozawa. Dos eminencias en sus respectivos campos que terminan por entablar una peculiar amistad con la excusa de unas conversaciones eminentemente musicales, pero también trascendentales.

La primera parte del libro comienza con una charla temática sobre el Concierto para piano y orquesta nº 3 en Do menor de Beethoven. Y al hilo de esta pieza tan emblemática surgen los nombres de Karajan y Gould. El primero de ellos maestro y mentor de Ozawa

También aparecerán los nombres de Brahms y Mahler, un compositor que unirá a los dos contertulios por la pasión compartida por el checo. La admiración o la comprensión de la música de los compositores marca la extensión y la vehemencia con la que Ozawa y Muraami dialogan.

Completan el elenco Bernstein, Serin, Saito, Munch, entre otros. Las grabaciones también se realizaron en diferentes escenarios y momentos del tiempo, ya que Murakami se llegó a desplazar a la Academia de Música Suiza de Seiji Ozawa para ver cómo trabajan las élites musicales en una especie de campus.

Murakami no sólo pregunta a Seiji Ozawa sobre música clásica y composición, también se plantean cuestiones más profundas, aunque dentro del ámbito musical, como es la distancia entre un director y un aficionado, o como pueda ser el coleccionismo de discos.

“La mayor parte de la gente que posee esas colecciones suele estar muy ocupado y apenas tiene tiempo para escuchar toda esa música.”

Seiji Ozawa

Fascina conocer los comienzos duros que tuvo el director japonés, cómo se las tuvo que ingeniar para sobrevivir con lo poco que cobraba incluso sustituyendo a Bernstein. Situación que se prolongó cuando Ozawa ya dio el salto como director titular en Toronto.

Ozawa exhibe su amplia cultura musical con comentarios sobre las similitudes a nivel instrumental entre Brahms y Beethoven, cómo Beethoven cambia en la 9ª sinfonía por contar con una orquestación más amplia. Murakami se muestra en algunas ocasiones a la altura, pero en otras debe recurrir a preguntar de nuevo.

Estos datos, a la mayoría de los lectores mortales con un nivel de afición por la música clásica básico o medio se nos escapan. Pero también es cierto que al hablar en muchas ocasiones durante el libro de estas diferencias entre años, grabaciones u orquestas, el lector curioso puede agenciarse estas grabaciones y hacer la comparativa por su cuenta. El streaming en este sentido puede ayudar a entender las dudas planteadas y las respuestas ofrecidas.

 

El debate musical está servido, instrumentos, tiempos, sonido, salas de conciertos, acogida de Ozawa en países extranjeros, mentores, músicos, giras. Todos estos elementos, y muchos más salen a relucir durante los diálogos.

Si bien es cierto que hay elementos de la conversación que son difíciles de trasladar, risas, silencios. El mérito de Murakami, si es que fue él, está en transcribir horas de cinta, seleccionar (entiendo que no estará todo) los fragmentos, tratar de expresar pausas, pensamientos, momentos tensos, sin ofender al maestro Ozawa

Todo conformado y escrito como si de una obra de teatro se tratase. Lo cual confiere de una peculiar estructura a este libro.

 

Música, sólo música es un libro para ser consumido en pequeñas dosis. Al menos esa es mi opinión. Mucha información, dos buenos conversadores, pasión por la música clásica. Fue un interesante ejercicio escuchar algunas de las piezas justo después de leer los fragmentos en los que hablaban de ella. No porque quiera dármelas de entendido, porque ni en 100 vidas lograría igualarme a Ozawa, y necesitaría más de 5 para alcanzar a Murakami, sino por escuchar, por conocer más, y saber de qué se está hablando.

Esta rara avis en la prolífica carrera de Haruki Murakami es un libro valiente, que no será entendido por todo el público y puede que no sea fácil de entender en algunos tramos para el común de los mortales. Sin embargo, aporta muchísima información sobre los entresijos de la dirección musical en las altas esferas: discográficas, directores, problemas de agenda con giras cargadas de conciertos, análisis de la música de los grandes y comparación entre grabaciones o maneras de interpretar.

Música, sólo música es un regalo cultural para lectores. Murakami no se exhibe como gran escritor, pero sí como melómano. Ozawa, por el contrario, se muestra como un director con una manera de entender la música clásica y todo lo que le rodea que deja lecciones aplicables a muchos otros ámbitos de la vida.

La recomendación de quien escribe estas líneas es que leáis el libro si os gusta la música clásica, si os gustan las entrevistas largas y profundas o si la cultura os apasiona, algo que es difícil que no ocurra si cumplís las dos primeras premisas. En mi caso leí este libro a pequeñas dosis, pero lo importante es asimilar y disfrutar de cada uno de los temas abordados por estos dos genios.

Un libro curioso que no está hecho para todo el mundo pero que seguro que os fascina. Valoración: 7.

Buenas noches y buena suerte.

Ficha técnica de Música sólo música:

Nº de páginas: 329

Editorial: Tusquets. Colección andanzas

Idioma: Castellano

Encuadernación: Tapa blanda

ISBN: 978-84-9066-872-6

Año de edición: 2020

Plaza de edición: España

 

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Si viviéramos en la Argentina, no olviden el artículo para referirse a la tierra del tango, hoy celebraríamos la fiesta de los 15 años. En realidad, sería una fiesta repleta de familiares y amigos que ven como despegas de la niñez en busca de un horizonte repleto de hormonas y fogosidad, de sueños que incumplir y aprendizajes a base de golpes, de amistades que romper, relaciones que experimentar y pruebas que superar.

Algo así es hoy este blog, que cumple 15 años desde aquel lanzamiento en Blogger un 19 de enero de 2007. Aunque, como cuento cada año (empiezo a tener complejo de abuelo cebolleta), estábamos antes en Windows Live Spaces, digamos que Los Mundos de Josete tiene una fecha de lanzamiento en aquel día.

No voy a tirar del “15 años tiene mi amor” del Dúo dinámico. Sigo bajo los influjos del Resistiré y puede que nunca más pueda acercarme a ese par de maduritos simpaticones y campechanos sin pensar en las 8 de la tarde de la primavera de 2020.

Hace tres lustros no pensaba en las oportunidades perdidas, en la de gente que ha hecho pasta a raudales en internet en estos 15 años mientras yo me he pasado el rato escribiendo mis cosas, siendo irregular y trabajando. A lo mejor, si me hubiera creído que se podía lo hubiera logrado. No es que me crea un escritor reputado ni mejor que los demás, pero es que empiezo a creer que esto se me da bien.

Como un adolescente envalentonado, me atrevo a escribir sin tener miedo, pero sigo teniendo barreras mentales. Limitaciones de tiempo, de trabajo, de miedo a enviar textos a lugares glamurosos pero inhóspitos. Quizás ser workaholic me ha arrastrado a vivir como Ben Sanderson a la espera de mi Sera particular. No pretendo ganar el Óscar al mejor actor, pero sí sentirme como en Las Vegas.

Tres lustros en cifras.

Pero vayamos al aniversario, que estoy hablando de mí y no del blog. Mi vida a nadie le importa, esa versión de Los Mundos en la que compartía mis apreciaciones mentales (movidas dirían los modernos) ya pasó a la posteridad. Hoy los libros se han apoderado de este blog, y lo han hecho para despegar, para lograr multiplicar la audiencia y encontrar ese punto de difusión y conocimiento que empuja a seguir.

Y es que 2021 fue el mejor de los 15 años de Los Mundos, y lo fue por mucho: 28131 lectores se acercaron a ver las páginas de este humilde blog. Números que para algunos serán discretos, pero que para mí son todo un logro, puesto que el mejor registro anterior fue el de 2017 con 24430 vistas de página.

Por poner un poco en perspectiva las cifras, sólo en 3 años se logró superar las 20000 visitas. El promedio de los 15 años está en 13000 visitas


Hacia dónde van a ir Los Mundos de Josete.

Como ese adolescente de 15 años, el futuro es apasionante. Vuelvo a “hablar de mi libro”, hoy es el día de contar orgulloso ese Curso de Periodismo Cultural que realicé en Cursiva con el bueno de Álvaro Colomer, con compañeros maravillosos y con encuentros con figuras del orden de Juan Cruz, Rosa Belmonte, Karina Saiz Borgo, Jorge Fernández Díaz, o Sergio Vila-Sanjuán. Encuentros con decenas de notas, con muchas anécdotas y con un poso que es imborrable.

Pues bien, este tipo de formaciones, que además sirvieron para romper con la rutina, marcan el camino de este blog. Un camino eminentemente cultural, pero sin perder de vista el toque Josete, que es la gran ventaja de regentar tu propio blog o medio.

En el horizonte, el salto de Blogger a wordpress, en busca de mejor diseño, estabilidad y teniendo servidor propio que no dependa de terceros.

Pero lo más importante, es seguir escribiendo, reseñando, llegando y emocionando. Crecer en visitas es un círculo virtuoso, llegas a más gente y esa gente te hace llegar a más gente. A su vez sientes que puedes volar, que conectas con lectores y que todo comienza a tener sentido.

Photo by Adi Goldstein on Unsplash


Como un contrato de buenas palabras conmigo mismo, busco la manera de llegar más días, con más entradas, con mayor presencia.

Para lograr dicho objetivo nacieron algunas iniciativas como “Los domingos de Los Mundos” o “La máquina del tiempo”, que han venido para tratar de conectar con la audiencia a través de diversos canales y revitalizar el contenido de estos años de blog.

Caminando ya hacia los 16 años, y con ganas de seguir creciendo, este blog celebra, y quiere celebrar su 15º aniversario con todos vosotros. Esperamos, como cada 19 de febrero, escribir una entrada tan intrascendente como emocionante. Lo importante no es celebrar, lo importante es que cada vez más gente se identifique con este blog.

Buenas noches y buena suerte.

 Tras el éxito de Berta Isla, el sempiterno aspirante a Nobel de literatura patrio Javier Marías publicó Tomás Nevinson (Alfaguara, 2021). Podría catalogarse como la segunda parte de Berta Isla, y no iríamos desencaminados, pero es cierto alguien podría leer la novela sin haber leído la primera y no pasaría nada, puesto que hay muchos hechos que guardan correlación.

Nota importante: Este artículo puede desvelar algún elemento fundamental de la trama de  Berta Isla.

Tras volver a casa Tomás Nevinson vive una vida aparentemente plácida y alejada de su anterior actividad. Trabaja en un puesto intermedio y anónimo en la embajada británica en Madrid. Todo transcurre con ilusoria normalidad hasta la aparición de Tupra, su superior en sus anteriores labores, quien le encomendará una misión frente a la que Nevinson no sabrá qué responder: seguir a una posible colaboradora de la banda terrorista ETA de la que apenas se tienen datos y localizarla. Se sabe su identidad real, Magdalena Orúe O’Dea, que es irlandesa, y que estuvo implicada en dos de los atentados terroristas más sangrientos de ETA, el de Hipercor en Barcelona y el de la Casa Cuartel de Zaragoza, ambos perpetrados en 1987.


Todo ello en Ruán, la ciudad ficticia (o no tanto) del norte de España, a la que el protagonista deberá desplazarse. Nevinson deberá transformarse en Miguel Centurión, un discreto profesor sustituto, y escoger entre tres mujeres que Tupra le pondrá sobre la mesa pero que son aparentemente normales: la dueña de un bar, la “gigante” Inés; la mujer de un afamado político, Celia Bayo, y María Viana, la pareja de un adinerado empresario.

El viaje de Nevinson le separa nuevamente de los suyos. Su aventura arranca sin apenas pistas, sin ayuda externa y con la presión de sus superiores. “Estamos en manos de quienes nos conocen de antaño, los que más pueden perjudicarnos son quienes nos han visto de jóvenes y nos han moldeado, no digamos quienes nos han contratado y pagado, o se han portado bien y nos han hecho favores”. Tomás Nevinson se verá abocado a volver a renunciar, una vez más, para cumplir con el deber.


En esta ocasión Javier Marías imbuye al lector en diversos dilemas morales de elevado calado a través de Tomás Nevinson. El primero se presenta cuando el protagonista tiene que decidir quién es la culpable de entre un grupo de mujeres sospechosas. Nevinson debe tener la certeza de elegir bien a la terrorista, pues es posible que una mala elección tenga consecuencias nefastas para la “presunta” culpable.

El segundo de los dilemas a los que se enfrenta Tomás Nevinson es de tipo familiar. Renunciar de nuevo a su vida por el servicio a la patria y alejarse de Berta y los niños, todo muy novelesco y heróico. Pero lo más doloroso es saber que ellos ya tienen su vida y que se acostumbran a esa distancia. “Despés de haber sucedido, cuesta mucho no suceder”. Berta no va a transigir con las excusas de Nevinson y el trabajo volverá a alejarlos.

La voluntad de cambio y la tesitura de vivir entre dos aguas es otra de los aspectos que aborda Marías durante la aventura de Nevinson. De ahí la procrastinación o la postergación de decisiones a la hora de cumplir con la misión encomendada. “Sólo el primer paso cuesta. Quizás se podrá decir eso de todo, o de la mayoría de los esfuerzos y de lo que se hace con desagrado o repugnancia o reservas, es muy poco lo que se acomete sin ninguna reserva, casi siempre hay algo que nos induce a no actuar y a no dar ese paso, a no salir de casa y no movernos, a no dirigirnos a nadie y a evitar que otros nos hablen, nos miren, nos digan”. Una reflexión que encajaría en cualquier libro de gestión del tiempo y la productividad.

El eterno aspirante a Nobel de literatura español tampoco rehúye otro tipo de aspectos morales de calado universal, como son la muerte, la justicia y la pena capital: “La mayoría de las personas lo ven demasiado drástico, excesivo, tienden a pensar que hay salvación para cualquiera, en el fondo creen que podemos cambiar todos y también ser perdonados, o que cesará una peste humana sin necesidad de aniquilarla. Y además los otros dan pena en abstracto, cómo voy a quitarle la vida a nadie”. 

Nevinson, en la soledad de esa ciudad de cuyo nombre Marías no quiere acordarse, reflexionará mucho sobre su misión y las implicaciones morales. Todo ello lo hace sin alejarse del concepto de justicia tardía, esa que nunca logra reparar completamente a las víctimas y que los seres humanos no logramos resolver como algo propio o ajeno. Como sujetos que jugamos a ser dioses: “Lo todavía no sucedido carece de prestigio y de fuerza, lo previsto y lo inminente no bastan, la clarividencia es desoída siempre, es necesario que todo sea corroborado por los terribles hechos, cuando es tarde y no tienen arreglo ni se pueden deshacer”.

Sin exonerar a los terroristas, Marías no rehúye la denuncia de la guerra sucia por parte de los aparatos de los estados, tanto el británico como el español. Las reflexiones del propio autor sobre dicho tema acaban por adueñarse del relato, que en ocasiones es denso, pero que tienen ese tinte reflexivo típico del autor “Y lo que toca entonces, paradójicamente, son el castigo o la venganza, que aún cuestan más y son de muy distinto cariz; porque ya no se trata de evitar una calamidad venidera ni quizá más abominaciones, lo cual ayuda sobremanera a justificar el asesinato, la acción de matar (ayuda la idea de conjurar la reincidencia, de impedir la reiteración, de detener nuevas desgracias). No, aquí es posible que quien haya cometido un crimen, o haya incurrido en traición o en delación, no tenga intención de volver a hacer daño nunca a nadie más; que no sea un peligro permanente y que su conducta punible fuera producto del miedo o de la debilidad o el trastorno, una excepción”.

Opinión personal.

Como el lector de esta crítica podrá comprender, tras esta trama de aparente espionaje Javier Marías se lanza a analizar las disquisiciones morales a través del protagonista de la novela, Tomás Nevinson, un agente que vive y trabaja al margen de la ley cuando debiera estar disfrutando de un retiro dorado. Pero en todas sus reflexiones se encuentran las reflexiones de tantos y tantos seres humanos enfrentados al terrorismo: venganza, ira, rabia, poder, justicia. Y otra más universal todavía: ¿podemos huir de nuestro pasado?

Ya se ha mencionado, pero la política y las estructuras de los estados quedan también en entredicho. Y las hipótesis planteadas por el autor, como la colaboración entre servicios secretos afectados por el terrorismo, dejan entrever que dicha hipótesis pudo ser real. Basta con introducir un poco de verdad en la mentira para que ésta no sólo resulte creble, sino irrefutable.

Un Marías por momentos brillante se presta a una especie de juego con el lenguaje y con las barreras del idioma entre británicos y españoles para lanzar sus reflexiones en voz alta. Sirva como ejemplo el jueguecito a raíz del famoso “A enemigo que huye puente de plata”. Con una reflexión por parte de los británicos muy clara: “Eso es un error imperdonable, por mucho que tengáis el dicho. Es el dicho de un país suicida, así os ha ido en la historia. Nadie os asegura que, una vez cruzado el puente, el enemigo no lo desmonte y no se lleve la plata consigo. Sin puente resultará inalcanzable aunque cambiéis de idea, y encima le habréis dado medios para recomponerse. Con vuestra plata comprará mercenarios y volverá a la carga con más fuerza”. Toda una confrontación entre ambas culturas fruto de la experiencia de Marías, gran conocedor de la cultura británica. “Nosotros pensamos de manera opuesta, pero no es un dicho, sino Shakespeare: Hemos chamuscado a la serpiente, no la hemos matado, le advierte Macbeth a su señora. Y añade: Sanará y será la misma, mientras nuestra mediocre alevosía permanece expuesta al peligro de su antiguo colmillo”. 

De Shakespeare y su “liturgia” se hará valer Javier Marías a lo largo de Tomás Nevinson en diversas ocasiones a lo largo de la obra: “Todo se ha gastado, nada se ha obtenido. Es más seguro ser lo que destruimos que morar, por la destrucción, en una alegría dubitativa”, Lady Macbeth. Pocos autores tan universales y con contenidos tan filosóficos como Shaekspeare.

Si bien es cierto que la ficción puede superar a la realidad, Javier Marías advierte sobre los peligros de emprender determinados caminos con incierto final “La vileza de los padres resulta irresistible para los hijos, y si no, para los nietos”. Algo que, en un país acostumbrado a cerrar procesos violentos en falso, debiera servirnos para reflexionar, a todos. Y lo hace con más Shakespeare “Mejor estar con los muertos que yacer en un éxtasis inquieto con la mente torturada. E incluso llega a envidiar

Marías pone en perspectiva el pasado de los espías retirados, y compara el dolor causado (y sus secuelas) con lo que debe padecer un terrorista a nivel moral, si es que lo padece, claro está. No faltan las conexiones con “No digas nada”, el libro de Patrick Radden Keefe que reseñamos el pasado agosto, al establecer conexiones entre el problema que tiene que enfrentar Tomás Nevinson y Dolours Price.

Nevinson es un personaje apesadumbrado por experiencias anteriores, cautivo de una profesión que no le deja tener una vida ajena. “Quien no tiene visión ni ambición de futuro suele ser alguien resignado a las circunstancias de su nacimiento o bien alguien con un pasado muy grave, es decir, muy pesado, tanto que debe emplear sus energías y su imaginación en ocuparse exclusivamente de él, sin cabida para más. Suele ser alguien que considera que ya ha llenado el cupo de sus experiencias o de sus ajustes o de sus maldades antes de tiempo, que le toca ya estarse quieto y no traer más desgracias ni heridas con su movimiento o su actividad, con su divagar”. El arrepentimiento se hace presente en todo el libro y Nevinson cerrará en falso su aventura. Marías nos regala un final tan caótico como la vida de su protagonista.

Pudiera parecer que estamos ante un libro que sólo trata hechos pasados. Sin embargo, Marías no esquiva temas actuales como los populismos o la polarización. Aunque la novela se sitúe 25 años atrás, habla bien a las claras de fanatismo “peligroso y contagioso”. Y de eso, querido lector, en España vamos sobrados, sea el tiempo que sea.

Aunque Tomás Nevinson es una obra por momentos carente de ritmo, Marías logra contagiar al lector del tedio en el que se mueve el protagonista. Causado, sin duda, por la angustia de su situación.

La crítica ha nombrado a Tomás Nevinson como mejor novela en español de 2021. Al menos así lo estiman los expertos de El Cultural. No tengo elementos para atreverme a rebatir dicho nombramiento, por no haber podido leer todos los libros que competína en dicha lid. 

Lo cierto es que Marías logra, una vez más, que el lector viva la novela que él quiere que viva. Que el ritmo sea el que marcan las vivencias del protagonista. Y, además, conjuga todo ello con una trama de espionaje y terrorismo edificada sobre los cimientos sólidos de la memoria colectiva en un tiempo en el que empiezan a abundar novelas sobre ETA a raíz del éxito de Patria. Pero, sin duda, el factor más reseñable de esta novela es el peso de la moral y la filosofía a través de conceptos universales como justicia, venganza, paz y castigo. Novela muy recomendable. Valoración: 8.


Buenas noches y buena suerte.


Ficha técnica de Tomás Nevinson:

Nº de páginas: 688

Editorial: ALFAGUARA

Idioma: Castellano

Encuadernación: Tapa blanda

ISBN: 9788420454597

Año de edición: 2021

Plaza de edición: España

Fecha de lanzamiento: 11/03/2021

 

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