Queridos niños, crítica del libro de David Trueba.

La sátira está infravalorada. Entre los autores que en los últimos años se han dedicado a reivindicarla con mayor o menor acierto se encuentra David Trueba. El escritor madrileño vuelve, tras Tierra de campos (Anagrama, 2017), con Queridos niños una divertida novela sobre la política y las campañas electorales y lo hace dentro de Anagrama, la editorial con la que suele publicar.

Basilio es un personaje que vive como un outsider y que piensa que sus días de gloria ya pasaron. Obeso, alcohólico, apartado de la vida pública, el Hipopótamo, como le conocen algunos de sus adversarios, va a recibir un encargo de lo más extraño: ayudar a ganar las elecciones generales a Amelia Tomás, la candidata conservadora.

Amelia, que viene de la Universidad, y que vive una vida aparentemente aburrida al lado de su vetusto marido, les separa una diferencia de edad considerable. Fue parte del gobierno de Los Cuervos salpicado por la corrupción, pero es una figura independiente y que no tiene, a priori, las manos manchadas. Ni su propio partido, lleno de intrigas y luchas cainitas, va a confiar en la victoria de Amelia.

Basilio, Amelia, y el resto del equipo formarán parte de una peculiar caravana de campaña que recorrerá casi todo el país en autobús. En cada una de las capitales de provincia y pueblos, es muy entretenido el capítulo en el cual Amelia visita su pueblo natal (perdido en la provincia de Teruel), la comitiva tendrá que lidiar con escándalos, filtraciones, declaraciones fuera de tono, ataques de los rivales o presiones e informaciones de los periodistas.

La comitiva, el equipo íntimo de Amelia Tomás, tendrá que marcar perfil propio frente a Los Blanditos, grupo de compañeros de partido que representarán al “aparato” del mismo. “Todo el mundo allí se llamaba Bosco, Alonso, Pelayo y Borja”. Se trata de Carlota, Arroba, Tania, Cuca, y el peculiar conductor de autobús, Rómulo, que deparará anécdotas divertidas a lo largo del libro, como poner la misa en la radio del autobús el primer domingo que el partido democristiano estuvo de viaje.

Trueba no se va a mojar en absoluto con respecto a nombres, partidos, medios de comunicación o figuras públicas, pero el lector, a poco que hile, va a poder trazar paralelismos con la actualidad política.

El escritor aprovechará la coyuntura para enfrentar al lector a debates populistas de nuestro tiempo “La democracia sólo tiene un punto débil. Depende de la gente… Las mejores democracias surgen tras las guerras, tras los desastres, tras los desmanes. Cuando aún está reciente el dolor, la memoria del daño. Con el paso del tiempo, olvidan el traume y vuelven a precipitarse hacia el fuego”. Un fragmento tan demoledor y de actualidad que no necesita más comentario. Porque plasma a la perfección los tiempos que estamos viviendo.

Basilio va a ser un espejo ante el cual enfrentar las verdades, alguien que no se va a callar, que va a cambiar la pusilanimidad de la candidata por un perfil propio capaz de parecer ganadora y optar a la victoria. Trueba ha realizado una auténtica obra de reflexión filosófica y política, un manual popular, no por el partido, sino por la facilidad de sus parábolas. Ni se corta ni se esconde, todo está entre líneas y todo se puede aprender en un entretenido diálogo o reflexión. Queridos niños no es un libro Maquiavelo o Platón, pero deja claros los fundamentos del noble y vilipendiado arte de la política:

“Cada vez que te pongan frente a un imbécil, disfruta de ofrecer el contraste a quienes estén mirando. No entres a su juego. Imitar no es seducir. Los lameculos imitan. La gente con personalidad invita a subir un escaloncito a su interlocutor, a ir un poquitín más arriba del nivel en el que estaba, pero sin pasarse de listo”.

Queridos niños, crítica del libro de David Trueba


Un Basilio que tratará con desdén a Los Miserables, término en el que se refiere a la prensa, pero que también sabrá jugar con ella y con los trapos sucios que de sus oponentes vayan apareciendo a lo largo de la campaña electoral. “No vayas al mundo mediático a hacer amigos, sino a hacerlos trizas”.

La composición del espectro político de Queridos niños no dista mucho del que vivimos en la España de 2021. 5 partidos con candidatos variopintos El Mastuerzo, La Cachorra o El Santo, el Cojo.

Trueba mezclará bajas pasiones, pasado, ilusiones, comentarios antiguos, y expondrá a todo un país ante dilemas morales como, por ejemplo, si el alquiler en B supone un problema o no. Pero también radiografía a un país desigual, “Sólo en Madrid, en la Administración del Estado, trabajan tantas personas como habitantes hay en Castellón”.

“No creo que esas preocupaciones inciten un voto masivo. Estoy convendico de que si Dios existe y se presentara a las elecciones lo haría sin éxito. Porque mis queridos niños saben que nadie es lo suficientemente perfecto para mandarles a ellos.”

Queridos niños es el término utilizado por Basilio, toda una mina de motes, para referirse a los votantes. Y es, un término genial, son/somos manipulables, moldeables, nos movemos por pasiones y por cánones de rectitud que no aplicamos en nuestras propias vidas, nos gusta sentirnos ganadores como se siente el aficionado a un equipo de fútbol, y pensamos que lo sabemos todo y que tenemos el suficiente juicio para emitir un voto y que ese voto sea clave.

En el debe de esta novela, salvo Basilio, y Amelia a ratos, los personajes no evolucionan, no se muestran excesivamente humanos. En el caso de Basilio, su denigrante humanidad le convierte en objeto de todo tipo de aventuras, y no todas ellas agradables. En el caso de Amelia, el autor trata de humanizar a una candidata aparentemente sin mucho carácter ante el electorado. Puede que fuera intención del propio Trueba no generar vínculos entre personajes y lectores, ya que busca que el lector se vea a sí mismo como votante.

Pero poco más, el cinismo de la obra de David Trueba no viene acompañado, esta vez, de ese vínculo humano que se suele establecer entre el lector y sus personajes. Salvo en dos contadas excepciones, y el de Amelia Tomás no es un personaje excesivamente emotivo, el autor no logra crear esa parte “humana” que convierte una historia, una sátira, un “sainete”, en algo más que eso.

Sin embargo, Trueba logra, sin grandes alardes literarios, una novela divertida, amena, un retrato de la política española de finales del siglo XX y de principios del siglo XXI. Ojalá en todas las facultades de Ciencias políticas o de la información se lea este libro, aunque sólo sea por diversión. Ojalá todo votante sea capaz de verse reflejado en este libro, ojalá todo director de campaña lea este libro. Pero lo más interesante no es leer, sino reflexionar sobre lo leído, y eso es algo que no harán todos los queridos niños.

Valoración: 7.5

Buenas noches y buena suerte.

Ficha técnica:
ISBN978-84-339-9930-6
EAN9788433999306
PVP CON IVA19.9 €
NÚM. DE PÁGINAS456
COLECCIÓNNarrativas hispánicas
CÓDIGONH 678
PUBLICACIÓN01/09/2021
NewerStories OlderStories Inicio

0 comentarios: