Sergio Vila-Sanjuán vive en un ménage à trois con Barcelona y la literatura. Se puede inferir que él es muy consciente porque ofrece pruebas a lo largo de su prolífica trayectoria como escritor. Como corolario llega Barcelona, la ciudad de los libros, una obra de 88 páginas, que recientemente ha publicado en Libros de Vanguardia.

La construcción del relato de este libro de Sergio Vila-Sanjuán parte del discurso que el escritor y periodista catalán impartió en el Instituto Cervantes de la Universidad de Harvard el 29 de abril de 2021 mediante videoconferencia (la pandemia y sus efectos). El objeto de dicha disertación fue preguntarse sobre las causas por las que Barcelona es una de las grandes capitales internacionales del libro.

El libro, analiza las razones del éxito del 23 de abril como fiesta más universal e internacional del libro. Su primera edición, aunque en otra fecha, supuso la institución deldía del Libro en España para promocionar la lectura. Algunos siglos antes, en tiempos de Ferran de Antequera, ya se celebraron los Juegos Florales (Jocs Florals).


Vila-Sanjuán también profundiza en la cuestión del mundo editorial. Barcelona alberga las principales editoriales del ámbito hispanoamericano, algo que no es casual. La industria del libro es la primera industria cultural de Barcelona, y no sólo porque en los últimos 120 años haya despegado de manera meteórica. El autor ofrece su visión de observador privilegiado, con rigor, pero con mucha devoción.

Un viaje por la Barcelona de los libros a través de sus calles y la literatura.

Barcelona, la ciudad de los libros es un viaje cronológico a lo largo de los siglos. El callejero es protagonista a través de múltiples referencias: la primera imprenta, el primer libro publicado, Ética de Aristóteles, la fundación en 1553 de la cofradía gremial, el origen de la calle Llibreteria o el papel de libreros- impresores como Piferrer, Brusi, etc.

El autor fueComisario en el Año del Libro y la Lectura 2005, el año del cuarto centenario de El Quijote, obra que toma un papel preeminente ya que el Caballero de la Triste Figura pasó por Barcelona y lo hizo visitando una imprenta. Además, en un taller barcelonés se imprimen por primera vez sus dos partes de forma conjunta.

En el siglo XIX la historia del librero asesino, la Renaixença y la revolución industrial son pilares fundamentales, a ojos de Vila-Sanjuán, para la eclosión del movimiento editorial que revolucionó el panorama hispanoamericano.

Los últimos 150 años son repasados de manera magnífica a través de obras y autores relevantes. Las figuras de Pla y Sagarra en los albores del siglo XX, Mercé de Rodoreda y Carmen Laforet, en la posguerra. Carlos Barral, Vargas Llosa y el boom hispanoamericano, así como Cabrera Infante, Fuentes y Donoso, su núcleo duro, o el malogrado Bolaño. Los Juegos Olímpicos de 1992, el cementerio de los libros olvidados de Ruiz Zafón, así como el vínculo entre EEUU y Barcelona culminan el recorrido.

Opinión.

Injustamente se podría considerar una obra menor dentro de la trayectoria de un Vila-Sanjuán que exhibe sus conocimientos como hechos periodísticos o históricos y es capaz de elaborar un relato que huye del alarde y el lucimiento personal para acercar al lector de una manera sucinta pero muy didáctica una historia que es apasionante. La lectura se hace muy agradable, porque lejos de abrumar, el autor quiere divulgar.

Pese a su extensión, es una obra certera que ofrece una visión general a la par que completa sobre la relación de Barcelona con los libros y todo lo que rodea a su universo. Un libro que debiera leerse en los institutos, pero también en las casas.

Ficha técnica de Barcelona, la ciudad de los libros:

Nº de páginas: 88

Editorial: Libros de Vanguardia.

Idioma: Castellano.

Encuadernación: Tapa blanda

ISBN: 9788416372997

Año de edición: 2021

Plaza de edición: España.

Fecha de lanzamiento: 01/09/2021.


NOTA PARA LECTORES:

Esta reseña es un ejercicio realizado para el Curso de periodismo cultural de Cursiva. Por eso su extensión y su formato más canónico.

Se viene otra entrada similar a la del pasado domingo:

Hoy estrenamos nueva sección.
Los más ávidos ya sabéis de qué va, porque el jueves pasado nos colamos.
Sí, me equivoqué y publiqué el 2º antes que el 1º.
Pero vayamos al grano. La nueva sección es algo así como un #remember.
Se trata de "La máquina del tiempo".
Cada jueves traeremos de vuelta del pasado una entrada publicada.

Lo haremos en nuestras redes sociales
  • Facebook.
  • Instagram.
  • Twitter.
Sirva este fotograma de la película homónima de 1960 "La máquina del tiempo", protagonizada por Rod Taylor, como cabecera de esta nueva sección.

Aunque en el blog tendrá poca repercusión, seguro que os ameniza y os trae buenos recuerdos

Queridos lectores,

Hoy estrenamos sección semanal Los domingos de Los Mundos, un repaso a 7 noticias destacadas del ámbito cultural.

Cada domingo aparecerán en las historias, stories o similares, de nuestras redes sociales una selección de 6-7 noticias del ámbito cultural que seleccionamos para vuestra lectura calmada. Por si no lo sabéis estamos en:
Aunque no va a ser lo habitual que expongamos aquí las noticias seleccionadas, tendréis que estar hacia atentos a nuestras redes, de manera excepcional hoy os compartimos la selección de noticias de esta semana es la siguiente:

Y mucho más.
Cada domingo estad atentos a este #resumencultural

#LosDomingosDeLosMundos


Espero que os guste.




#Resumen #Noticias #blog
#Cine.
#Cultura.
#Libros
#Música.
#artesescénicas
#historia


Hoy traemos la crítica de A propósito de nada, la autobiografía de Woody Allen. Un libro rodeado de polémica, que he degustado a ratos, a trocitos. Sin darme un gran empacho. Ya que estamos ante una autobiografía, que no es mi género favorito.


La autobiografía de Allan Stewart Konigsberg, nombre real del director y actor neoyorquino, nacido el 1 de diciembre de 1935, se publicó en 2020. No es necesario mencionar que la biografía que uno mismo escribe debe ser la “oficial”, lo digo por aquella coletilla de “biografía no oficial”. 

Woody Allen, libro autobiográfico de Woody Allen

Los líos judiciales de Woody Allen, una aclaración previa.

No sabemos cómo juzgarán nuestros hijos a nuestros héroes. Si alguno de sus héroes es su padre tampoco sabemos cómo lo harán. Supongo que tendemos a creer a nuestros familiares por encima de todo.


Habrá quien haya comprado, o quien comprase, o quien comprará este libro por todo el follón de Mia Farrow, Soon-Yi,  las acusaciones, los juicios, los supuestos o falsos abusos, etc. A mí me fastidiaron la lectura. Y no porque no me parezca grave una acusación, o varias, de abusos, o una persecución inventada (todo presuntamente), sino porque aunque entiendo que el autor sienta la necesidad de dar su versión en su autobiografía, donde las únicas voces que intervienen son la suya propia y la de su editor, pero no para “censurar” lo que diga o deje de decir.


Para esta crítica de A propósito de nada de Woody Allen quisiera matizar que en mi caso no leo una autobiografía de un cineasta para saber sus líos judiciales. Habrá gente a quien le fascine, a mí no. Prefiero reír leyendo sus historias de infancia o de su primera esposa con sus chascarrillos, imaginando que es su voz en off la que está leyéndome el libro.


Entiendo que haya quien lea el libro por esta truculenta historia. Lo respeto, más bien. No voy a emitir excesivos juicios al respecto porque quien aquí comparece lo hace en calidad de crítico aficionado a la literatura, al cine y a la música, algo que en Allen se conjuga, no a los debates morales. Para eso, si me animo, dedicaré otra entrada.



Woody Allen, una vida no tan excepcional (según el propio Allen)

Desde el punto de vista de un aficionado al cine, al cine de Woody Allen, a sus libros y a las comedias, el libro me ha hecho pasar ratos muy agradables. No estamos ante un libro imprescindible, salvo que cumpláis las mismas premisas que yo. 


Es una autobiografía. El género biográfico es lo que es, y está destinado a personalidades influyentes, que marcan una época. Woody Allen cumple estas premisas.


El propio Allen narra su infancia en el barrio, sus peripecias, su poco amor por la lectura, al contrario de lo que sucedía con su hermana. Iba al colegio, no destacaba, le fascinaba la magia, como luego pudimos comprobar en algunas de sus cintas.


Es divertido leer como alguien compone su nombre artístico. Han existido muchas teorías sobre ello, pero la realidad, casi siempre, se muestra bastante alejada de todas esas especulaciones. Los seres humanos preferimos la fantasía pero el bueno de Woody empezaba a colar frases en textos, monólogos y secuencias humorísticas y simplemente buscaba un nombre para el mundo del espectáculo.


A los 16 ya se pudo comprar una máquina de escribir Olympia portátil, con la que sigue mecanografiando (este tipo no usa ordenador para sus guiones).


Poco a poco comenzó a escribir y a ganar dinero, al principio poco, luego mucho. Se fue codeando con guionistas, humoristas, y al final tocó techo. Empezó a girar con grandes del espectáculo y se consagró con un estilo propio que luego trasladó a su cine.


A día de hoy, Allen ha escrito guiones, libros, películas, cuentos, casuals publicados en The New Yorker, monólogos, etc. Todos escritos con máquina de escribir, o eso se cuenta.


Hay pasajes hilarantes, como el hecho de ser rechazado para el servicio militar por morderse las uñas en el examen médico realizado por un psiquiatra. Ya tenemos algo en común quien escribe y el famoso cineasta, aunque su primera esposa logró que lo dejara con posterioridad.

Sus gustos artísticos: música, cine y humor.

Entre las confesiones tempranas del cineasta norteamericano, prefiere Chaplin a Keaton, no se muestra encantado con Con faldas y a lo loco, ni le gusta ¡Qué bello es vivir! pero sí se muestra afán de los musicales como My Fair Lady y Cantando bajo la lluvia. Justo a la inversa de quien escribe esta reseña.


Allen también nos habla de sus gustos, no terminó nada de Henry James, le gustaban Hemingway y Camus y le maravillaron Thomas Mann y Turguénev.

La música.

En A propósito de nada Woddy Allen nos cuenta su vergüenza a la hora de tocar, cómo su faceta musical, cómo el jazz y su clarinete, le han llevado a giras por Europa, a ciclos de conciertos por los Estados Unidos, al Jazz Heritage, y como Gene Sedric, clarinetista de Fats Waller le abrió la mente y los oídos. Todo esto cuando él ya era un cómico en alza.

Su vida como cómico.

Los inicios de un cómico de esta envergadura son muy curiosos. Y esta es quizás una de las partes más divertidas e interesantes del libro. Aprender, leer, cómo empezó escribiendo pequeños gags, y su ascenso meteórico al lado de los más grandes del humor en los Estados Unidos a través de viajes, conversaciones, etc.


El cine.

En la página 29 hay un punto que quizás pase desapercibido para muchos lectores, pero que me atrapó. Woody Allen nos cuenta como en El dormilón se imagina que es Blanche Du Bois en Un tranvía llamado deseo y Diane Keaton hace una imitación perfecta de Marlon Brando.


En A propósito de nada Woody Allen nos muestra cómo muchas de las escenas más icónicas de sus películas, y algunas menos icónicas, no son más que guiños de otras películas u obras artísticas que le marcaron. 


Qué gozada, poder homenajear así al mejor cine, ¿no?


Lo cierto es que Woody Allen confiesa en el libro que hace décadas que vive ajeno a la crítica. Supongo que le llegará por sus productores, que son quienes están más preocupados por la economía y la taquilla, que depende, en gran medida, de esas opiniones vertidas en medios especializados.


Como la autobiografía transcurre cronológicamente, permite ver sus altibajos, su relación con la Industria del cine: productores, actores, actrices, sus líos con ellos y ellas y sus opiniones. Porque si algo no hace el famoso director es escatimar elogios o críticas. Algo que al lector le encantará, a buen seguro.


Alec Baldwin, Elaine May, Penélope, Scarlett Johanson. Opiniones muy interesantes, como la que tiene de Joaquín Phoenix. Es de agradecer la sinceridad de Woody Allen a lo largo de A propósito de nada.


El papel fundamental de David Merrick en las primeras películas de Allen, sus inestimables consejos, las historietas tras Tócala otra vez, Sam. Los errores en un aspecto tan fundamental en la filmografía del director como la música en Toma el dinero y corre, solventada por Harvin Hamlisch, que luego fue un renombrado compositor. 


Son decenas de anécdotas deliciosas. Y en ese punto el lector cinéfilo va a gozar. Como la elección del título de Annie Hall. No quiero desvelar más para no anticipar más del libro.


Otro de los puntos más interesantes es el análisis que el director realiza del éxito de algunas de sus películas y los fracasos de otras. Y es que el público reacciona de maneras bien distintas a sus películas y depende, también, de la localización del mismo. Especialmente curioso es el caso de Manhattan, tan icónica pero con un montaje que no dejó satisfecho a Woody Allen frente a la opinión de United Artists.


El repaso por sus obras es totalmente completo, y seguro que disfrutais rememorando todas sus películas y conociendo más sobre su intrahistoria.


Una confesión hacia el final del libro me fascinó:

“Escribir me gusta más que rodar, porque rodar es un trabajo duro y físico bajo un clima caliente o frío en horas infames que requiere un millón de decisiones sobre temas de los que conozco poco”

Diane Keaton, mención especial.

Si hay una persona clave en la filmografía de Woody Allen, por encima de Mia Farrow, es Diane Keaton. Es opinión personal, pero el autor corrobora mi teoría. Hablamos de películas tan importantes como Annie Hall, Manhattan, La última noche de Boris Grushenko entre otras. Días de radio, Sueños de un seductor, Interiores. 


Son una dupla fantástica que entendieron el cine bajo el mismo prisma durante mucho tiempo. Fueron amantes, amigos y mucho más que eso, y queda plasmado a lo largo de las páginas del libro.

Mia Farrow, la relación al desnudo.

Hacia los tres cuartos de la obra aparece todo el fandango del que hablaba al inicio de esta reseña. Woody Allen se esmera en detallar al máximo la relación entre ambos, con los hijos, el servicio, los abogados y la prensa. 


Entiendo que debió ser un infierno para todos los implicados, pero como he dicho, personalmente el libro pierde fuerza en esta parte, porque a mí lo que me interesa de Woody Allen es su arte: cine, guiones, libros, ingenio. 


Habrá quien se recree y entiendo su punto de vista. La necesidad de contar su versión.


Soon-Yi, el verdadero amor.

Al hablar de Soon-Yi el lector percibe a un escritor enamorado. Pensando en pasear con ella por Central Park, París, Venecia. Narrando su encierro en el ático en el que vivían mientras la tormenta mediática les acosaba.


Pero hay un factor en todo ello: la estabilidad. Allen siente admiración por su manera de ser. Nadie puede llegar a pensar que hay maldad o malas intenciones en esa relación leyendo este libro.


Homenaje a sus ídolos.

Woody Allen se muestra agradecido por haber podido conocer a sus ídolos y haber trabajado e interactuado con ellos: Arthur MIller, Ingmar Bergman, Tennessee Williams, Kazan, Truffaut, Fellini, García Márquez o el propio Groucho Marx. 


Con todos ellos pudo compartir mesa y mantel, conversaciones, relaciones epistolares y telefónicas. Lo bueno de estar entre los grandes es conocerlos, lo bueno y puede que lo malo.

A propósito de nada, opinión personal

Recomiendo el libro a quienes os guste el personaje, el director, guionista, actor, músico, cómico, y tantas otras cosas. Todo ello con una traducción impecable a cargo de Eduardo Hojman.


Aprender sobre cómo forjó su camino hasta ser el brillante cineasta que es hoy en día y hacerlo en primera persona resulta cautivador para adictos a su obra como quien escribe.


Sobre sus explicaciones en primera persona de alguien que ha sido el centro de los focos en una truculenta y desafortunada historia, Woody Allen pide disculpas al final del libro: “Lamento haber tenido que dedicar tanto espacio a la falsa acusación lanzada contra mí, pero esa situación es como agua para el molino del escritor y añade un fascinante aspecto dramático a una vida que de otra manera sería bastante rutinaria”


Si os gusta el cine de Allen, si queréis pasar un rato, o unos ratos porque son 440 páginas, no dudéis en leerlo. Sea en formato electrónico (pdf o lo que sea) o formato físico. Vais a aprender sobre cine, sobre el mundo del espectáculo y también sobre una manera de escribir, crear, pensar y vivir.


Porque crear, al fin y a la postre, es una manera de vivir.


Valoración: 8.


Buenas noches y buena suerte.


Ficha técnica de A propósito de nada.

Nº de páginas: 440

Editorial: ALIANZA EDITORIAL

Idioma: Castellano.

Encuadernación: Tapa blanda

ISBN: 9788491819950

Año de edición: 2020

Traductor: EDUARDO HOJMAN

Fecha de lanzamiento: 21/05/2020




 Si cuando escogí de la estantería de mi librería de cabecera Asombro y desencanto me dicen que el jefe de opinión de El Mundo es capaz de escribir un libro así probablemente hubiera dicho que era el típico comentario de faldón o una crítica prefabricada de un cultural. Pudiera haber pensado que estábamos ante la típica entrevista de esas secciones para las que el periodista de turno sólo ha leído un 60% del libro, tirando por lo alto. Pero no, Jorge Bustos no necesita ni 200 páginas para escribir un relato soberbio sobre un viaje, bueno no, sobre dos.

Asombro y desencanto, libro de Jorge Bustos


Al analizar Asombro y desencanto, libro que supone mi primera incursión en las obras de Bustos, no se trata de sojuzgar al escritor madrileño, al contrario. Me someto a una cura de humildad por desconocer su capacidad para la prosa y la descripción tan simpática y pormenorizada.


Asombro y desencanto, un viaje de La Mancha al Loira.

No estamos ante una novela, ni ante un libro de aventuras. Jorge Bustos traza, en dos momentos del tiempo, dos rutas, dos viajes, dos travesías una por la Castilla La Mancha del Quijote y la otra por Francia, entrando por Bretaña y Normandía, transitando París a lo grande y volviendo a España a través del país del Loira. 


De estos, aparentemente, alejados territorios (al menos en lo físico), surgen dos momentos, entiendo, vitales en la existencia del Bustos escritor. Con Azorín, el Quijote y Josep Pla como acompañantes y guías espirituales y con la Historia de banda sonora en el primero de los viajes. Y, en contraposición, los acompañantes del segundo periplo son los nobles, reyes y señores, ya difuntos, franceses, así como escenarios grandiosos de la Historia del país vecino y, en gran parte, de Europa.


La Mancha, el Quijote y la España que no dejará de serlo.


La primera parte del libro, la que lleva a Jorge Bustos a recorrer la “Ruta del Quijote”, creada y exigida por decenas de alcaldes que buscaban turismo, y por ende, beneficio pecuniario. 


Yo no he venido aquí a soltar mi diatriba anti alcaldes. Los lugares escogidos son localidades por los que se supone pasó el Ingenioso Hidalgo, escenas, casas, plazas, molinos, donde Cervantes situó a Alonso Quijano para crear la obra maestra de la Literatura Universal.


Bustos somete a los lugareños a su pluma, que bien podría ser su cámara, la que llevó consigo pero no mostró sus resultados. Hace referencia a las instantáneas tomadas durante el viaje. Y desde esa pluma, virtuosa sin duda, nos ofrece una agradable estancia en todas y cada una de esas plazas. Hasta en lugares donde el calor y las moscas son las auténticas protagonistas.


Desde Alcázar de San Juan a las Lagunas de Ruidera. Pasando por escenarios tan cañís como Campo de Criptana, Belmonte, Argamasilla de Alba, Almagro, Ciudad Real. 


Bustos se valdrá del bachiller Sansón Sancho, de polémicas como la pila bautismal de Alcázar de San Juan. En esa población se percata Bustos, o se ríe por debajo de la nariz, del “deje” manchego, al que tacha de “Autoparodia” y que da pie para poder elaborar una teoría sobre la pléyade de humoristas manchegos que han tenido éxito tirando de pronunciación.


Bustos busca emular el viaje que realizara el literato alicantino Azorín 100 años antes. En concreto José Martínez Ruiz realizó el viaje del que surgió su libro “La ruta de don Quijote” en 1905. 


Siguiendo su estela, y, sin duda, desde un punto de vista más flemático, la “irreverencia” acaba por convertirse en una lectura que requiere de agudeza de sentidos por parte del lector. A cambio, Jorge Bustos devolverá risas, sonrisas, cariño por las gentes con las que se encontró y reflexiones literarias sobre El Quijote.


Francia como culmen cultural.


La segunda parte del Asombro y desencanto transcurre en Francia, casi por los mismos lugares que pude visitar en 2014 en el viaje a Bretaña y Normandía. Sólo que Bustos accede desde Bretaña, recorre Normandía hasta París y vuelve a España por el valle del Loira.


Antes de llegar a Francia Bustos dedica unas páginas a Vitoria, a sus muros repletos de historia y dejará algún recadito para el peinado y la estética abertzale.


Ostras, desembarco, playas e historia centran la primera parte del periplo del periodista por tierras bretonas y normandas. La dictadura de los horarios de la restauración, algo que quien escribe este artículo también ha sufrido en las cercanías de Carcassone o en la propia Normandía.


Pero no todo son críticas, ya que el autor no escatima palabras con el elogio del concepto urbanístico de Burdeos o el sentimiento nacional francés. Admiración muestra por el vino de Burdeos citando al poeta Kead, que en 1819 ya escribió sobre ello. Bustos también hará mención especial y honorífica al bueno de Montaigne, a la postre alcalde de la ciudad.


En Nantes Bustos da rienda suelta a la frivolidad, la cuna de la esclavitud europea, con su memorial, con su reconocimiento en 2001 tras años, siglos mejor dicho, de trata de seres humanos. Compiten en Nantes este memorial con el homenaje a Julio Verne.



En París entra un Bustos escéptico pero de París sale un hombre convencido de por qué la capital de Francia es la ciudad cuya fama inunda cabeceras, páginas de libros, estrofas y fotogramas.


El barrio latino es uno de los lugares que más marcará al autor. “Hace falta que eso que miras penetre en ti hasta alterarte”.



De París sale vía Loira. He de reconocer que no conozco esa zona de insignes castillos, pero el relato de Bustos se torna más hacia la arquitectura y menos hacia el costumbrismo de las gentes que allí habitan. Más en la historia y menos detallista con lugareños, estátuas, etc.


En los pasajes que transcurren por el Loira el lector aprenderá, o repasará, historia, arquitectura, conocerá intrigas palaciegas y podrá imaginarse viendo atardeceres en pueblos perdidos. Orleans, Blois, Chenonceau, Amboise, son algunos de sus destinos.


El prólogo de Andrés Trapiello.


Mi sincera opinión, sin mayor acritud, es que a este libro le sobra ese prólogo. Bustos no necesita loas gratuitas y el lector tampoco necesita ese prólogo. Entiendo que es una sana costumbre que compañeros de “faenas” se presten este “servicio”, pero los prólogos, en general, no son determinantes. Y este caso confirma mi teoría, más allá de un alarde de Trapiello por querer estar a la altura del libro.


La reflexión final: el periodismo ante su crisis posmoderna.

Cuando el lector ha acompañado a Bustos por su segundo viaje, el francés, Bustos se sincera. La reflexión final debería remover los cimientos de lectores, editores, dueños y cualquiera interesado en la prensa, en el periodismo en general. El viaje físico desencadena un viaje interior. 


Asombro y desencanto: Opiniones.

No estamos ante la gran obra de Jorge Bustos. No lo espero. Como columnista y/o jefe de opinión de uno de los principales periódicos españoles sorprende su capacidad para la prosa descriptiva. 


Hay madera de escritor, no descubro nada, pero también hay una manera de escribir portentosa. Quizás, si él quiere, y se aleja de los quehaceres de la inmediatez que exige un diario podría, y esto es una hipótesis, ser un escritor de renombre.


El lector emprende un viaje a través de las páginas de Asombro y desencanto que requerirá su atención pero que, a su vez, le transportará a tiempos felices, como me sucedió a mí, en los que visité muchos de los paisajes en los que Bustos se recrea.


Personalmente, volver a la tierra del Quijote, a Bretaña, a Normandía e incluso a Vitoria de la mano de Bustos, y hacerlo acompañado de un fino sentido del humor y la mordacidad me ha hecho pasar muy buenos ratos. El autor demuestra que no son necesarias excesivas páginas para presentar un trabajo redondo.



Como siempre que se trata de Libros del Asteroide, del gigante Penguin Random House, la edición está muy cuidada. Portada verde botella con el Mont Saint Michel de fondo, páginas agradables al tacto. Todo para que el lector disfrute de una experiencia única.


Mi recomendación es que os dejéis sorprender por este libro. Ha sido mi compañero este verano, Jorge Bustos consigue teletransportar al lector de Asombro y desencanto a playas del desembarco, a palacios, conventos, castillos, museos. Viajar con la mente es posible gracias a un libro que bien merece una oportunidad. Valoración: 7.5


Buenas noches y Buena Suerte.