Se viene otra entrada similar a la del pasado domingo:

Hoy estrenamos nueva sección.
Los más ávidos ya sabéis de qué va, porque el jueves pasado nos colamos.
Sí, me equivoqué y publiqué el 2º antes que el 1º.
Pero vayamos al grano. La nueva sección es algo así como un #remember.
Se trata de "La máquina del tiempo".
Cada jueves traeremos de vuelta del pasado una entrada publicada.

Lo haremos en nuestras redes sociales
  • Facebook.
  • Instagram.
  • Twitter.
Sirva este fotograma de la película homónima de 1960 "La máquina del tiempo", protagonizada por Rod Taylor, como cabecera de esta nueva sección.

Aunque en el blog tendrá poca repercusión, seguro que os ameniza y os trae buenos recuerdos

Queridos lectores,

Hoy estrenamos sección semanal Los domingos de Los Mundos, un repaso a 7 noticias destacadas del ámbito cultural.

Cada domingo aparecerán en las historias, stories o similares, de nuestras redes sociales una selección de 6-7 noticias del ámbito cultural que seleccionamos para vuestra lectura calmada. Por si no lo sabéis estamos en:
Aunque no va a ser lo habitual que expongamos aquí las noticias seleccionadas, tendréis que estar hacia atentos a nuestras redes, de manera excepcional hoy os compartimos la selección de noticias de esta semana es la siguiente:

Y mucho más.
Cada domingo estad atentos a este #resumencultural

#LosDomingosDeLosMundos


Espero que os guste.




#Resumen #Noticias #blog
#Cine.
#Cultura.
#Libros
#Música.
#artesescénicas
#historia


Hoy traemos la crítica de A propósito de nada, la autobiografía de Woody Allen. Un libro rodeado de polémica, que he degustado a ratos, a trocitos. Sin darme un gran empacho. Ya que estamos ante una autobiografía, que no es mi género favorito.


La autobiografía de Allan Stewart Konigsberg, nombre real del director y actor neoyorquino, nacido el 1 de diciembre de 1935, se publicó en 2020. No es necesario mencionar que la biografía que uno mismo escribe debe ser la “oficial”, lo digo por aquella coletilla de “biografía no oficial”. 

Woody Allen, libro autobiográfico de Woody Allen

Los líos judiciales de Woody Allen, una aclaración previa.

No sabemos cómo juzgarán nuestros hijos a nuestros héroes. Si alguno de sus héroes es su padre tampoco sabemos cómo lo harán. Supongo que tendemos a creer a nuestros familiares por encima de todo.


Habrá quien haya comprado, o quien comprase, o quien comprará este libro por todo el follón de Mia Farrow, Soon-Yi,  las acusaciones, los juicios, los supuestos o falsos abusos, etc. A mí me fastidiaron la lectura. Y no porque no me parezca grave una acusación, o varias, de abusos, o una persecución inventada (todo presuntamente), sino porque aunque entiendo que el autor sienta la necesidad de dar su versión en su autobiografía, donde las únicas voces que intervienen son la suya propia y la de su editor, pero no para “censurar” lo que diga o deje de decir.


Para esta crítica de A propósito de nada de Woody Allen quisiera matizar que en mi caso no leo una autobiografía de un cineasta para saber sus líos judiciales. Habrá gente a quien le fascine, a mí no. Prefiero reír leyendo sus historias de infancia o de su primera esposa con sus chascarrillos, imaginando que es su voz en off la que está leyéndome el libro.


Entiendo que haya quien lea el libro por esta truculenta historia. Lo respeto, más bien. No voy a emitir excesivos juicios al respecto porque quien aquí comparece lo hace en calidad de crítico aficionado a la literatura, al cine y a la música, algo que en Allen se conjuga, no a los debates morales. Para eso, si me animo, dedicaré otra entrada.



Woody Allen, una vida no tan excepcional (según el propio Allen)

Desde el punto de vista de un aficionado al cine, al cine de Woody Allen, a sus libros y a las comedias, el libro me ha hecho pasar ratos muy agradables. No estamos ante un libro imprescindible, salvo que cumpláis las mismas premisas que yo. 


Es una autobiografía. El género biográfico es lo que es, y está destinado a personalidades influyentes, que marcan una época. Woody Allen cumple estas premisas.


El propio Allen narra su infancia en el barrio, sus peripecias, su poco amor por la lectura, al contrario de lo que sucedía con su hermana. Iba al colegio, no destacaba, le fascinaba la magia, como luego pudimos comprobar en algunas de sus cintas.


Es divertido leer como alguien compone su nombre artístico. Han existido muchas teorías sobre ello, pero la realidad, casi siempre, se muestra bastante alejada de todas esas especulaciones. Los seres humanos preferimos la fantasía pero el bueno de Woody empezaba a colar frases en textos, monólogos y secuencias humorísticas y simplemente buscaba un nombre para el mundo del espectáculo.


A los 16 ya se pudo comprar una máquina de escribir Olympia portátil, con la que sigue mecanografiando (este tipo no usa ordenador para sus guiones).


Poco a poco comenzó a escribir y a ganar dinero, al principio poco, luego mucho. Se fue codeando con guionistas, humoristas, y al final tocó techo. Empezó a girar con grandes del espectáculo y se consagró con un estilo propio que luego trasladó a su cine.


A día de hoy, Allen ha escrito guiones, libros, películas, cuentos, casuals publicados en The New Yorker, monólogos, etc. Todos escritos con máquina de escribir, o eso se cuenta.


Hay pasajes hilarantes, como el hecho de ser rechazado para el servicio militar por morderse las uñas en el examen médico realizado por un psiquiatra. Ya tenemos algo en común quien escribe y el famoso cineasta, aunque su primera esposa logró que lo dejara con posterioridad.

Sus gustos artísticos: música, cine y humor.

Entre las confesiones tempranas del cineasta norteamericano, prefiere Chaplin a Keaton, no se muestra encantado con Con faldas y a lo loco, ni le gusta ¡Qué bello es vivir! pero sí se muestra afán de los musicales como My Fair Lady y Cantando bajo la lluvia. Justo a la inversa de quien escribe esta reseña.


Allen también nos habla de sus gustos, no terminó nada de Henry James, le gustaban Hemingway y Camus y le maravillaron Thomas Mann y Turguénev.

La música.

En A propósito de nada Woddy Allen nos cuenta su vergüenza a la hora de tocar, cómo su faceta musical, cómo el jazz y su clarinete, le han llevado a giras por Europa, a ciclos de conciertos por los Estados Unidos, al Jazz Heritage, y como Gene Sedric, clarinetista de Fats Waller le abrió la mente y los oídos. Todo esto cuando él ya era un cómico en alza.

Su vida como cómico.

Los inicios de un cómico de esta envergadura son muy curiosos. Y esta es quizás una de las partes más divertidas e interesantes del libro. Aprender, leer, cómo empezó escribiendo pequeños gags, y su ascenso meteórico al lado de los más grandes del humor en los Estados Unidos a través de viajes, conversaciones, etc.


El cine.

En la página 29 hay un punto que quizás pase desapercibido para muchos lectores, pero que me atrapó. Woody Allen nos cuenta como en El dormilón se imagina que es Blanche Du Bois en Un tranvía llamado deseo y Diane Keaton hace una imitación perfecta de Marlon Brando.


En A propósito de nada Woody Allen nos muestra cómo muchas de las escenas más icónicas de sus películas, y algunas menos icónicas, no son más que guiños de otras películas u obras artísticas que le marcaron. 


Qué gozada, poder homenajear así al mejor cine, ¿no?


Lo cierto es que Woody Allen confiesa en el libro que hace décadas que vive ajeno a la crítica. Supongo que le llegará por sus productores, que son quienes están más preocupados por la economía y la taquilla, que depende, en gran medida, de esas opiniones vertidas en medios especializados.


Como la autobiografía transcurre cronológicamente, permite ver sus altibajos, su relación con la Industria del cine: productores, actores, actrices, sus líos con ellos y ellas y sus opiniones. Porque si algo no hace el famoso director es escatimar elogios o críticas. Algo que al lector le encantará, a buen seguro.


Alec Baldwin, Elaine May, Penélope, Scarlett Johanson. Opiniones muy interesantes, como la que tiene de Joaquín Phoenix. Es de agradecer la sinceridad de Woody Allen a lo largo de A propósito de nada.


El papel fundamental de David Merrick en las primeras películas de Allen, sus inestimables consejos, las historietas tras Tócala otra vez, Sam. Los errores en un aspecto tan fundamental en la filmografía del director como la música en Toma el dinero y corre, solventada por Harvin Hamlisch, que luego fue un renombrado compositor. 


Son decenas de anécdotas deliciosas. Y en ese punto el lector cinéfilo va a gozar. Como la elección del título de Annie Hall. No quiero desvelar más para no anticipar más del libro.


Otro de los puntos más interesantes es el análisis que el director realiza del éxito de algunas de sus películas y los fracasos de otras. Y es que el público reacciona de maneras bien distintas a sus películas y depende, también, de la localización del mismo. Especialmente curioso es el caso de Manhattan, tan icónica pero con un montaje que no dejó satisfecho a Woody Allen frente a la opinión de United Artists.


El repaso por sus obras es totalmente completo, y seguro que disfrutais rememorando todas sus películas y conociendo más sobre su intrahistoria.


Una confesión hacia el final del libro me fascinó:

“Escribir me gusta más que rodar, porque rodar es un trabajo duro y físico bajo un clima caliente o frío en horas infames que requiere un millón de decisiones sobre temas de los que conozco poco”

Diane Keaton, mención especial.

Si hay una persona clave en la filmografía de Woody Allen, por encima de Mia Farrow, es Diane Keaton. Es opinión personal, pero el autor corrobora mi teoría. Hablamos de películas tan importantes como Annie Hall, Manhattan, La última noche de Boris Grushenko entre otras. Días de radio, Sueños de un seductor, Interiores. 


Son una dupla fantástica que entendieron el cine bajo el mismo prisma durante mucho tiempo. Fueron amantes, amigos y mucho más que eso, y queda plasmado a lo largo de las páginas del libro.

Mia Farrow, la relación al desnudo.

Hacia los tres cuartos de la obra aparece todo el fandango del que hablaba al inicio de esta reseña. Woody Allen se esmera en detallar al máximo la relación entre ambos, con los hijos, el servicio, los abogados y la prensa. 


Entiendo que debió ser un infierno para todos los implicados, pero como he dicho, personalmente el libro pierde fuerza en esta parte, porque a mí lo que me interesa de Woody Allen es su arte: cine, guiones, libros, ingenio. 


Habrá quien se recree y entiendo su punto de vista. La necesidad de contar su versión.


Soon-Yi, el verdadero amor.

Al hablar de Soon-Yi el lector percibe a un escritor enamorado. Pensando en pasear con ella por Central Park, París, Venecia. Narrando su encierro en el ático en el que vivían mientras la tormenta mediática les acosaba.


Pero hay un factor en todo ello: la estabilidad. Allen siente admiración por su manera de ser. Nadie puede llegar a pensar que hay maldad o malas intenciones en esa relación leyendo este libro.


Homenaje a sus ídolos.

Woody Allen se muestra agradecido por haber podido conocer a sus ídolos y haber trabajado e interactuado con ellos: Arthur MIller, Ingmar Bergman, Tennessee Williams, Kazan, Truffaut, Fellini, García Márquez o el propio Groucho Marx. 


Con todos ellos pudo compartir mesa y mantel, conversaciones, relaciones epistolares y telefónicas. Lo bueno de estar entre los grandes es conocerlos, lo bueno y puede que lo malo.

A propósito de nada, opinión personal

Recomiendo el libro a quienes os guste el personaje, el director, guionista, actor, músico, cómico, y tantas otras cosas. Todo ello con una traducción impecable a cargo de Eduardo Hojman.


Aprender sobre cómo forjó su camino hasta ser el brillante cineasta que es hoy en día y hacerlo en primera persona resulta cautivador para adictos a su obra como quien escribe.


Sobre sus explicaciones en primera persona de alguien que ha sido el centro de los focos en una truculenta y desafortunada historia, Woody Allen pide disculpas al final del libro: “Lamento haber tenido que dedicar tanto espacio a la falsa acusación lanzada contra mí, pero esa situación es como agua para el molino del escritor y añade un fascinante aspecto dramático a una vida que de otra manera sería bastante rutinaria”


Si os gusta el cine de Allen, si queréis pasar un rato, o unos ratos porque son 440 páginas, no dudéis en leerlo. Sea en formato electrónico (pdf o lo que sea) o formato físico. Vais a aprender sobre cine, sobre el mundo del espectáculo y también sobre una manera de escribir, crear, pensar y vivir.


Porque crear, al fin y a la postre, es una manera de vivir.


Valoración: 8.


Buenas noches y buena suerte.


Ficha técnica de A propósito de nada.

Nº de páginas: 440

Editorial: ALIANZA EDITORIAL

Idioma: Castellano.

Encuadernación: Tapa blanda

ISBN: 9788491819950

Año de edición: 2020

Traductor: EDUARDO HOJMAN

Fecha de lanzamiento: 21/05/2020




 Si cuando escogí de la estantería de mi librería de cabecera Asombro y desencanto me dicen que el jefe de opinión de El Mundo es capaz de escribir un libro así probablemente hubiera dicho que era el típico comentario de faldón o una crítica prefabricada de un cultural. Pudiera haber pensado que estábamos ante la típica entrevista de esas secciones para las que el periodista de turno sólo ha leído un 60% del libro, tirando por lo alto. Pero no, Jorge Bustos no necesita ni 200 páginas para escribir un relato soberbio sobre un viaje, bueno no, sobre dos.

Asombro y desencanto, libro de Jorge Bustos


Al analizar Asombro y desencanto, libro que supone mi primera incursión en las obras de Bustos, no se trata de sojuzgar al escritor madrileño, al contrario. Me someto a una cura de humildad por desconocer su capacidad para la prosa y la descripción tan simpática y pormenorizada.


Asombro y desencanto, un viaje de La Mancha al Loira.

No estamos ante una novela, ni ante un libro de aventuras. Jorge Bustos traza, en dos momentos del tiempo, dos rutas, dos viajes, dos travesías una por la Castilla La Mancha del Quijote y la otra por Francia, entrando por Bretaña y Normandía, transitando París a lo grande y volviendo a España a través del país del Loira. 


De estos, aparentemente, alejados territorios (al menos en lo físico), surgen dos momentos, entiendo, vitales en la existencia del Bustos escritor. Con Azorín, el Quijote y Josep Pla como acompañantes y guías espirituales y con la Historia de banda sonora en el primero de los viajes. Y, en contraposición, los acompañantes del segundo periplo son los nobles, reyes y señores, ya difuntos, franceses, así como escenarios grandiosos de la Historia del país vecino y, en gran parte, de Europa.


La Mancha, el Quijote y la España que no dejará de serlo.


La primera parte del libro, la que lleva a Jorge Bustos a recorrer la “Ruta del Quijote”, creada y exigida por decenas de alcaldes que buscaban turismo, y por ende, beneficio pecuniario. 


Yo no he venido aquí a soltar mi diatriba anti alcaldes. Los lugares escogidos son localidades por los que se supone pasó el Ingenioso Hidalgo, escenas, casas, plazas, molinos, donde Cervantes situó a Alonso Quijano para crear la obra maestra de la Literatura Universal.


Bustos somete a los lugareños a su pluma, que bien podría ser su cámara, la que llevó consigo pero no mostró sus resultados. Hace referencia a las instantáneas tomadas durante el viaje. Y desde esa pluma, virtuosa sin duda, nos ofrece una agradable estancia en todas y cada una de esas plazas. Hasta en lugares donde el calor y las moscas son las auténticas protagonistas.


Desde Alcázar de San Juan a las Lagunas de Ruidera. Pasando por escenarios tan cañís como Campo de Criptana, Belmonte, Argamasilla de Alba, Almagro, Ciudad Real. 


Bustos se valdrá del bachiller Sansón Sancho, de polémicas como la pila bautismal de Alcázar de San Juan. En esa población se percata Bustos, o se ríe por debajo de la nariz, del “deje” manchego, al que tacha de “Autoparodia” y que da pie para poder elaborar una teoría sobre la pléyade de humoristas manchegos que han tenido éxito tirando de pronunciación.


Bustos busca emular el viaje que realizara el literato alicantino Azorín 100 años antes. En concreto José Martínez Ruiz realizó el viaje del que surgió su libro “La ruta de don Quijote” en 1905. 


Siguiendo su estela, y, sin duda, desde un punto de vista más flemático, la “irreverencia” acaba por convertirse en una lectura que requiere de agudeza de sentidos por parte del lector. A cambio, Jorge Bustos devolverá risas, sonrisas, cariño por las gentes con las que se encontró y reflexiones literarias sobre El Quijote.


Francia como culmen cultural.


La segunda parte del Asombro y desencanto transcurre en Francia, casi por los mismos lugares que pude visitar en 2014 en el viaje a Bretaña y Normandía. Sólo que Bustos accede desde Bretaña, recorre Normandía hasta París y vuelve a España por el valle del Loira.


Antes de llegar a Francia Bustos dedica unas páginas a Vitoria, a sus muros repletos de historia y dejará algún recadito para el peinado y la estética abertzale.


Ostras, desembarco, playas e historia centran la primera parte del periplo del periodista por tierras bretonas y normandas. La dictadura de los horarios de la restauración, algo que quien escribe este artículo también ha sufrido en las cercanías de Carcassone o en la propia Normandía.


Pero no todo son críticas, ya que el autor no escatima palabras con el elogio del concepto urbanístico de Burdeos o el sentimiento nacional francés. Admiración muestra por el vino de Burdeos citando al poeta Kead, que en 1819 ya escribió sobre ello. Bustos también hará mención especial y honorífica al bueno de Montaigne, a la postre alcalde de la ciudad.


En Nantes Bustos da rienda suelta a la frivolidad, la cuna de la esclavitud europea, con su memorial, con su reconocimiento en 2001 tras años, siglos mejor dicho, de trata de seres humanos. Compiten en Nantes este memorial con el homenaje a Julio Verne.



En París entra un Bustos escéptico pero de París sale un hombre convencido de por qué la capital de Francia es la ciudad cuya fama inunda cabeceras, páginas de libros, estrofas y fotogramas.


El barrio latino es uno de los lugares que más marcará al autor. “Hace falta que eso que miras penetre en ti hasta alterarte”.



De París sale vía Loira. He de reconocer que no conozco esa zona de insignes castillos, pero el relato de Bustos se torna más hacia la arquitectura y menos hacia el costumbrismo de las gentes que allí habitan. Más en la historia y menos detallista con lugareños, estátuas, etc.


En los pasajes que transcurren por el Loira el lector aprenderá, o repasará, historia, arquitectura, conocerá intrigas palaciegas y podrá imaginarse viendo atardeceres en pueblos perdidos. Orleans, Blois, Chenonceau, Amboise, son algunos de sus destinos.


El prólogo de Andrés Trapiello.


Mi sincera opinión, sin mayor acritud, es que a este libro le sobra ese prólogo. Bustos no necesita loas gratuitas y el lector tampoco necesita ese prólogo. Entiendo que es una sana costumbre que compañeros de “faenas” se presten este “servicio”, pero los prólogos, en general, no son determinantes. Y este caso confirma mi teoría, más allá de un alarde de Trapiello por querer estar a la altura del libro.


La reflexión final: el periodismo ante su crisis posmoderna.

Cuando el lector ha acompañado a Bustos por su segundo viaje, el francés, Bustos se sincera. La reflexión final debería remover los cimientos de lectores, editores, dueños y cualquiera interesado en la prensa, en el periodismo en general. El viaje físico desencadena un viaje interior. 


Asombro y desencanto: Opiniones.

No estamos ante la gran obra de Jorge Bustos. No lo espero. Como columnista y/o jefe de opinión de uno de los principales periódicos españoles sorprende su capacidad para la prosa descriptiva. 


Hay madera de escritor, no descubro nada, pero también hay una manera de escribir portentosa. Quizás, si él quiere, y se aleja de los quehaceres de la inmediatez que exige un diario podría, y esto es una hipótesis, ser un escritor de renombre.


El lector emprende un viaje a través de las páginas de Asombro y desencanto que requerirá su atención pero que, a su vez, le transportará a tiempos felices, como me sucedió a mí, en los que visité muchos de los paisajes en los que Bustos se recrea.


Personalmente, volver a la tierra del Quijote, a Bretaña, a Normandía e incluso a Vitoria de la mano de Bustos, y hacerlo acompañado de un fino sentido del humor y la mordacidad me ha hecho pasar muy buenos ratos. El autor demuestra que no son necesarias excesivas páginas para presentar un trabajo redondo.



Como siempre que se trata de Libros del Asteroide, del gigante Penguin Random House, la edición está muy cuidada. Portada verde botella con el Mont Saint Michel de fondo, páginas agradables al tacto. Todo para que el lector disfrute de una experiencia única.


Mi recomendación es que os dejéis sorprender por este libro. Ha sido mi compañero este verano, Jorge Bustos consigue teletransportar al lector de Asombro y desencanto a playas del desembarco, a palacios, conventos, castillos, museos. Viajar con la mente es posible gracias a un libro que bien merece una oportunidad. Valoración: 7.5


Buenas noches y Buena Suerte.



Decía el premio Nóbel Günter Grass que para él los cementerios “siempre han tenido un atractivo. Ellos están bien mantenidos, libres de ambigüedad, lógicos, viriles, y vivos”. Con No digas nada, el libro que no es una novela, no termina de ser un ensayo y es un magnífico trabajo encuadrado dentro del género periodístico, podría suceder lo mismo, es un libro libre de ambigüedad. El libro definitivo para entender el conflicto del Ulster, las entrañas del IRA y la respuesta británica al conflicto. Un relato que abarca desde el inicio de los Troubles hasta nuestros días. Editado por Reservoir books. Leí este libro en formato electrónico, en mi caso con Kindle de Amazon.

Sinopsis de No digas nada.

Aunque la mayor parte del hilo argumental del libro es de sobra conocido por cualquier lector que haya seguido mínimamente los acontecimientos sobre el conflicto en Irlanda del Norte, se va a tratar de contar el resumen de No digas nada  de un modo en el que nadie pueda acusarnos de desvelar ningún detalle importante.

No digas nada. Patrick Radden Keefe


Las hermanas Price, sobre todo Dolours Price, marcan el paso de esta obra. Estamos ante dos mujeres que acuden a una manifestación pacífica y son vapuleadas, junto con el resto de manifestantes, por los unionistas liderados por Ronald Bunting, un orangista, conocido como Comandante y fiel seguidor de Ian Paisley (de quien hablamos en la crítica de la película sobre el conflicto norirlandés El viaje), que esperan agazapados para tender una emboscada. Nada sucedió, no hubo consecuencias. 


Aunque puede que la persona que pateó a Dolours Price en el puente de Burntollet viviera ajena a quién era la damnificada, no fue del todo consciente de que con su agresión prendió la llama de una de las mayores leyendas del IRA provisional, “Yo jamás voy a convertir a esta gente”, se dijo. Javier Marías la define en Tomas Nevison, libro del que pronto tendréis reseña, como “portentosa”. Su hermana Marian le acompañaría en su travesía durante algunos periodos de su vida. Fueron universitarias correctas, pero en activo, sufrieron las habladurías de otras facciones de la lucha republicana irlandesa, pero no variaron sus ideales.


Para tratar de paliar la fogosidad terrorista el gobierno británico decretó una suerte de estado de excepción permanente llamada Special Powers Act. Con ella dio carta blanca a sus fuerzas y cuerpos de seguridad para impartir justicia a su manera. En vigor desde 1922, suponía un salvoconducto para una respuesta paramilitar y policial auspiciada por el Reino Unido. Se trataba de otro tronco de leña que azuzaba el fuego.


Pero si hay un relato que constituye el hilo conductor es la desaparición, ante muchos de sus diez hijos, de Jean McConville. McConville católica y viuda, vivía en el popular (no por famoso sino por humilde) barrio de Divis Flats, 12 bloques de viviendas conectados entre sí donde las escaramuzas y redadas no eran infrecuentes. Era, en palabras del autor “un bastión de la resistencia armada” donde “la cadena” funcionaba, una suerte de trabajo en equipo para esconder armas entre todos los vecinos. Jean tenía en ese momento 38 años y aunque no se esclareció nunca del todo lo sucedido, todos tenían claro en el barrio que estaban ante una represalia del IRA.


Sobre la desaparición de Jean McConville se impuso la ley del silencio en Irlanda del Norte. Los unos por miedo, los otros por no querer parecer entrometidos, otros por lealtad ciega al proyecto de lucha por la independencia. Mientras todos callaban los hijos eran repartidos por orfanatos o tuvieron que subsistir de cualquier manera. Un auténtico drama para los vástagos de la desaparecida.


No fue hasta 2003, los acuerdos de paz del Viernes Santo se firmaron en 1998, cuando se logró desenterrar, ante la mirada de sus hijos, todos mayores y todos marcados por aquel fatal acontecimiento del que las altas esferas del ejército republicado irlandés y su brazo político, el Sinn Fein, trataron de desvincularse hasta el final. Muchos de ellos no recordaban la cara de su madre salvo por una triste foto que quedó en su apartamento.


Radden Keefe encaja las piezas del puzzle a lo largo de todo ese periodo de tiempo, y lo hace jugando piezas fundamentales en el conflicto de Irlanda del Norte. Terroristas, policías, familiares, jerarquía de la Iglesia (siempre tan amiga de los nacionalismos), mujeres infieles durante el encarcelamiento de sus maridos, turbas justicieras, pacifistas, presos, carceleros, norteamericanos colaboracionistas, cintas de vídeo, etc. Todos con mucho que callar, todos parte del problema pero ausentes en la solución.



Durante todo el libro Patrick Radden Keefe tira de poemas y citas vinculadas a la historia de Irlanda. Me gustó mucho este fragmento de “Ulster” de Ruydard Kipling publicado en 1912:

“Se sabe, a fin de cuentas.

Ceder es perecer”.


Opinión sobre No digas nada.


En la construcción del IRA provisional, escisión del IRA auténtico, participan una serie de actores, el carismático Gerry Adams entre ellos. Sus mesiánicas homilías en prisión, su aire de intelectualidad y su mutación, así como inhibición en la asunción de responsabilidades, le darán al autor gasolina de sobra para escribir. De un modo análogo, Brendan Hughes es otro reputado miembro del IRA para el que los focos de Radden Keefe tendrán atenciones. Terroristas, oprimidos, acomplejados, victimistas, el retrato y la moneda tienen dos caras para los actores de esta obra.


Para narrar y contar el modus operandi de toda esa construcción hay una voz periodística, la del autor, que trabaja con todo lujo de detalles cómo se producían los transportes entre las dos Irlandas, cómo vivían perseguidos los máximos responsables de los Provos o qué medidas empleaban para evitar detenciones.


Pero no es sólo una novela, o un ensayo, o un trabajo periodístico sobre la parte republicana. El relato ahonda en el funcionamiento de las cárceles británicas en los años más duros, las torturas, la represión ante los atentados, los métodos, ortodoxos o no, empleados por paramilitares o policías unionistas quedan perfectamente relatados en un libro que debería sonrojar a ambos bandos. 


El lector puede esperar que Radden Keefe vaya a construir una novela, y en parte edifica un relato que bien pudiera colar como tal. Lo magnífico y asombroso de No digas nada es que no estamos ante una novela, es un relato construido a partir de cientos de citas fidedignas, extraídas de archivos, de la prensa, de libros y de otros documentos valiosísimos como entrevistas con implicados que se decidieron a hablar movidos por la insatisfacción ante los acuerdos de paz o por otros motivos que deberíais descubrir vosotros mismos.


Estamos ante un libro que no dejará indiferente a nadie, pero, sobre todo, que aúna historia, crónica política, biografía de personajes relevantes del siglo XX, no sólo para las dos Irlandas, sino también para el Reino Unido, y que pone ante el espejo la cara más amarga del patriotismo radical, del terrorismo y de la represión por parte de los aparatos del Estado, en este caso británico.


Aunque las comparaciones son odiosas, este libro deja en evidencia  al terrorismo de ETA. Sin quererlo Radden Keefe narra prácticas, discursos, relatos de la post verdad que luego se intentaron trasladar, con mayor o menor éxito, al conflicto vasco. Pocas referencias se hacen al mismo, pero para quienes lo vivimos no es difícil ver ciertos paralelismos.


No es mi primera incursión en el conflicto de Irlanda del Norte, un conflicto sobre el que se han publicado decenas de libros, películas o canciones. Películas como The Journey, Juego de lágrimas o En el nombre del padre. Libros como El sueño del celta y canciones como Give Ireland back to the Irish aportan luz, épica o un poco de todo, sobre este conflicto histórico.


Pero no hemos venido a hablar de mi libro, sino de No digas nada. Y estamos ante un trabajo de investigación tan exquisito, ante un libro tan valiente, que desenmascara a traidores y a hombres de paz y que arroja luz sobre un crimen tan sórdido como cobarde. 


Lo mejor de este libro es que con la excusa del asesinato de Jean McConville, si se me permite frivolizar sobre este crimen, Radden Keefe indaga en todo un periodo de la historia con una imparcialidad apabullante. La narrativa de no ficción llevada a la genialidad y respaldada por más de 150 páginas de notas y referencias con las que nadie, ni los más fervientes defensores de uno u otro bando, deberían rechistar si fueran algo objetivos.


Con No digas nada he quedado asombrado por personajes históricos como Brendan Hughes, Dolours Price o Gerry Adams. Sobre ellos no os voy a adelantar nada. Pero merece la pena aprender y leer sobre las vidas de estos tres personajes antes, durante y después del conflicto. Su amistad, en lo que acabó. Todo ello en No digas nada.


La verdad, ha sido toda una lección de historia y un reflejo de cómo las personas evolucionan, o involucionan, y con ellas sus ideales. De cómo las leyendas o las personalidades mediáticas tienen siempre una cara de la moneda que no suele estar al alcance de la mayoría de mortales. Y ello añade aún más valor al trabajo de este valiente periodista.

Valoración: 9.


Ficha técnica de No digas nada.

Nº de páginas: 544. 

Editorial: Reservoir books

Idioma: de lectura: Castellano. Original: Inglés.

Encuadernación: Tapa blanda. Aunque en mi caso lo leí en formato Kindle y lo vi en librería con tapa dura.

ISBN: 9788417910556

Año de edición: 2020.

Año de publicación: 2019 en Estados Unidos.

Traductor: Ariel Font Prades.

Fecha de lanzamiento en España: 10/09/2020

Sobre Patrick Radden Keefe.

Aunque para la mayoría de nosotros, Patrick Radden Keefe sea un desconocido, estamos ante un periodista con un currículum nada desdeñable. Es periodista en plantilla en The New Yorker, autor de otros libros, como Chatter (2006) y The Snakehead (2009). Premiado por trabajos previos, con artículos publicados en The New York Times Magazine, Slate y The New York Review of Books. Becado por la fundación Guggenheim y la New America Foundation.


Premios y menciones recibidas por No digas nada.

Estamos ante un libro que ha recibido decenas de premios y reconocimientos. Entre ellos el de mejor libro del año 2019 según The New York Times,The Washington Post,The Times y Time Magazine. En el ámbito español también El país, El mundo y El periódico lo reseñaron entre los mejores libros del año de la pandemia, ya en 2020. Premio National Book Critics Circle award, Premio Orwell y finalista del National Book Award.


Buenas noches y buena suerte.


Comprar No digas nada.

Como siempre, puedes comprarlo en tu librería favorita en formato papel. También en estos puntos, tanto en formato digital como en: