Les situaré. Imagínense que en su empresa tienen a alguien que es indispensable, indispensable porque como jefe de marketing les hace ganar mucho dinero al final de cada período de facturación. Imaginen que ese alguien, pese a generar muchos ingresos, pese a mover montañas y pese a aportar recursos de donde parece que no quedaban es un prepotente. Él sabe que es indispensable para la empresa.
Además, su empleado, genera recursos de un modo un tanto irregular, es capaz de transgredir normas creyendo que siendo quien es no le va a suceder nada. Ha tenido que limpiar sus vergüenzas empleando recursos de la empresa: ha movilizado al servicio jurídico, a directores generales, ha llamado a sus periodistas afines, que son muchos, y ha creado corrientes de opinión. Todo para tapar algo que todos han visto.
En su fuero interno usted y sus colaboradores más directos saben que si la situación hubiese sido la contraria hubieran movilizado toda esa maquinaria: servicio jurídico, directores generales, periodistas, incluso a los sindicatos (sobornados), para sacar a la calle a todos los trabajadores, incluso a algún consumidor, y asestar un golpe terrible a su empresa rival. Todo para defender a su empleado, todo para no dejar de ganar recursos, por las consecuencias legales o económicas que para él y para su empresa tendría una resolución jurídica justa. Hay que hacer pasar al león por un cordero.
Pues bien amigos, esa empresa es el Real Madrid, y ese jefe de marketing es Cristiano Ronaldo, que le rompió la nariz a un jugador del Málaga. Todos lo vimos, las dos primeras veces se puede pensar que intenta desenmarañarse de las trabas del holandés, pero la tercera suelta un puñetazo en toda regla, se ensaña al soltar el codazo que fractura el tabique nasal del jugador.
La maquinaria se puso en marcha nada más acabar el partido, el jugador dice que lo siente con la boca pequeña, sus jefes dicen que no es para tanto, y la prensa se pone a buscar precedentes en jugadas de forcejeos en las que están implicadas las estrellas de la competencia (las jugadas no se parecen ni por asomo). La idea es presentar como víctima al agresor, es como si a un maltratador nos lo presentaran como la víctima de la mujer a la que ha pegado. El propio Ronaldo se permitió decir “es una vergüenza”, pues sí, es una vergüenza que un jugador de tu talla haga esas cosas.
Yo no digo que sea o no voluntario, es difícil dirimir la voluntariedad, lo que sí tengo claro es que Mtiliga no pone la cara para que le rompan la nariz. Lo que me parece intolerable es que se mueva tal campaña para que no cumpla ni un partido de sanción, es roja y como mínimo debería cumplir un partido de sanción, otra cosa es que el comité decida que es agresión, en cuyo caso no debería mirarse quién la hace y sancionar la falta como se merece.
Pero lo que realmente es más preocupante no es la agresión, sino la mediatización, la campaña de desprestigio hacia el agredido, hacia el árbitro y hacia el comité, antes de que se produzca la decisión del mismo. Es vergonzoso lo de la prensa de Madrid, salvo honrosas excepciones, es lamentable la campaña del Real Madrid, pero todavía es peor lo de la gente que se deja llevar por estos creadores de opinión y que ante un hecho documentado y objetivo, como es una nariz fracturada, se empecinan en defender lo indefendible, en salvar al agresor y en presentarlo como Barrabás ante Pilatos: un mártir del movimiento (esta palabra me ha parecido la adecuada por recordar otras épocas del madridismo). Una pregunta al aire, ¿qué hubiera sucedido con los papeles cambiados? ¿Se defendería tanto a Mtiliga?
Buenas Noches y Buena Suerte.