HHhH, de Laurent Binet.

8432209325.01._SX140_SY224_SCLZZZZZZZ_Compré este libro por impulso durante mi luna de miel en Argentina, de hecho, ya hace un tiempo que lo empecé, pero pude (y decir pude es decir mucho) terminarlo la pasada semana. Ahora entenderéis los motivos. HHhH, título construido con las siglas de la frase alemana “Himmlers Hirn heisst Heydrich” (El cerebro de Himmler se llama Heydrich), de Laurent Binet, fue galardonado con el premio Goncourt de primera novela y recabó numerosos elogios por parte de cierto sector de la crítica. Pero no es oro todo lo que reluce.

El libro presenta los hechos que previos, y posteriores, al atentado que sufrió Himmler durante el tiempo en el que regentó el protectorado de Moravia, durante la II Guerra Mundial. Digo presenta porque el formato del libro no es muy usual, el autor intercala sus reflexiones y vivencias, y sus apreciaciones (ahora os reproduciré algunas para que veáis las perlas), con la historia que precedió y sucedió al atentado. Pero no sólo la historia, Binet se dedica a criticar a todos los que intentan dar un aire más novelesco añadiendo inventiva literaria a los hechos o restando exactitud a lo acontecido. Es decir, se queda a medias entre una tesis doctoral histórica (Binet es profesor universitario) y un compendio de notas presentadas como capítulos cortos. Desconozco si este hecho se debe a la incapacidad del autor para hilvanar los hechos o es un nuevo formato de este Quijote que se dedica a repartir a diestro y siniestro, olvidando que la literatura tiene su parte de historia, pero no toda la literatura es historia. Afortunadamente hay gente que con su estilo literario engancha y entretiene a los lectores.

La argumentación, eso sí, es impecable, y cuando Binet deja sus miedos y prejuicios a un lado, y se dedica a componer relatos medianamente largos, el resultado es brillante, con un flujo narrativo tan rápido como impecable. Pero al lector le cabrea de sobremanera tener que estar aguantando comentarios estúpidos a lo largo de toda la obra, como si de un comentarista borracho se tratara. A saber, esta es una pequeña relación de comentarios incluidos en capítulos que se intercalan con la historia:

- “El deporte es, pese a todo, una mamarrachada fascista”.

- “Me pregunto como sabe Jonathan Littell (Autor de Las Benévolas, que curiosamente también ganó el premio Goncourt) que Blobel, el responsable alcohólico del Sonderkommando 4a del Einsatzgruppe c, en Ucrania, tenía un Opel. Si Blobel circulaba verdaderamente en un Opel, me inclino a sus pies”.

- “Evidentemente habrán sospechado que la aparición del libro de Jonathan Littell y su éxito me han perturbado un poco”.

- “…y si este no es el título que figura en la portada que el lector puede leer, es porque cedí ante el editor, a quien no le gustaba en absoluto: le parecía demasiado ciencia-ficción, demasiado Rober Ludlum…).

- “Ese diálogo es el ejemplo por excelencia de las dificultades con que me encuentro. Seguro que Flaubert no tuvo los mismos problemas con Salambô, porque nadie ha consignado jamás las conversaciones de Amílcar, el padre de Aníbal. Pero cuando yo le hago decir a Heydruch: Si crees que puedes burlarte de mí, Naujocks, sería mejor que antes lo pensaras dos veces, me limito a poner las frases tal y como son reproducidas por el propio Naujocks…” “De pronto, oír a Heydrich, la bestia rubia, decir: Si crees que puedes burlarte de mí, Naujocks, sería mejor que antes lo pensaras dos veces. Es mucho más verosímil que Heydrich hubiera espetado algo parecido a esto ¿Quieres reírte en mi cara? ¡Ten mucho cuidado o te arranco los cojones! Pero, claro, ¿qué valor tiene mi visión de las cosas frente a la de un testigo directo? Si sólo se contase conmigo yo escribiría…”. Señor Binet, ¿no habíamos quedado que nos ceñíamos a la historia y a sus testimonios vivos? Incongruencias de este tipo hay unas cuantas a lo largo del libro.

- “Durante quince años detesté a Flaubert porque me parecía responsable de determinada literatura francesa desprovista de grandeza y de fantasía que se complacía en la pintura de la mediocridad, sumiéndose con delicia en el realismo más fastidioso, regodeándose en un universo pequeñoburgués que pretendía denunciar. Pero entonces leí Salammbô, e inmediatamente entró en la lista de mis diez libros preferidos”… “De todos modos, siento cierto alivio con la idea de que Flaubert, mientras escribía su obra maestra, sintió esas angustias y se planteó esas cuestiones antes que yo. Y también es él quien me da una total garantía cuando escribe: Valemos más por nuestras aspiraciones que por nuestras obras. Lo que significa que puedo fracasar con mi libro. Todo ya puede ir más rápido a partir de ahora.”

Es a este tipo de cosas a las que me refiero, entiendo lo novedoso, o no tanto, de contar las dificultades al escribir la obra, pero llega a cargar, cansa. Y si no abandoné la lectura del libro, quien habló conmigo del tema sabe que había momentos en los que me enfadaba con el autor, fue por un sentimentalismo absurdo hacia un libro que compré en Argentina. Sobrevivió por eso y por la grandeza de la historia y sus personajes.

Binet tiene cualidades, narra muy bien, por momentos es brillante, documenta muy bien, es riguroso. Pero es cargante en su autocomplacencia, su manera de presentar los hechos, en capítulos cortos cual notas de historiador, siembra la duda sobre su capacidad en determinados momentos. Demasiado libro para un Goncourt. Valoración: 6.

Buenas Noches y Buena Suerte.

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