Cantaba Cecilia a “mi querida España”, y cantaba bien, en estos días de globalización y nacionalismos, de banderas y diadas, vivimos más que nunca el drama de las dos españas... A los que tembláis prediciendo una entrada política dejadme calmaros, la dualidad a la que me refiero es deportiva.
Escribe David Gistau en su columna Barra Brava de los lunes en El Mundo: “La Ñ contra la Furia”, yo titularía: "Más vale maña que fuerza" (con ñ de ÑBA y con f de fuerza). Mientras los “fuertes” hacen el ridículo y de diluyen en etéreos debates sobre la vuelta de ese que por mucho que tire del carro no soluciona nada, los mañosos arrasan, se divierten, y agradecen el esfuerzo de aquellos descartados que aceptan la escena con la cabeza bien alta y agradeciendo la oportunidad.
Asistimos con perplejidad a declaraciones de los “fuertes” en las que dejan caer que van a defender “la roja” porque les llaman, más que ir a defender van a vestirla, que la defiendan otros. En la otra España se matan por ir, viven las concentraciones como las vacaciones de un grupo de amigos que aman lo que hacen y sienten lo que aman.
Para acabar de plasmar las diferencias entre ambas españas tenemos a los directores de orquesta, los fuertes llevados por un viejo carca con altibajos de humor, los mañosos por un hombre con una fuerte personalidad (sin dejarse llevar por la prensa), con una frialdad de francotirador, y con una mano izquierda sólo comparable a la de Manuel Jesús “El Cid”.
Y así nos va, mientras las audiencias de la mediocridad, sigan superando a las del espectáculo, 2.719.000, como dijo mi profesora de filosofía: “es como dar margaritas a los cerdos”