Ganar el Premio Planeta no es sinónimo de calidad, es sinónimo de premio para un escritor famoso a través de un grupoeditorial que busca ventas y selecciona esas obras que mayores ventas le pueden reportar. Este es el caso de “Terra Alta”, la, hasta la fecha, última novela de Javier Cercas. Publicada por Planeta, como no puede ser de otra manera en 2019, y cuya reseña os traemos hoy.

Sinopsis de Terra Alta.

La tranquila comarca catalana de la Terra Alta se despierta con un cruel asesinato que conmocionará a toda la población. Uno de los empresarios más famosos y reputados de la zona, Francesc Adell, propietario de Gráficas Adell, aparece violentamente asesinado con signos de tortura junto con su esposa y una de sus sirvientas en su mansión familiar.

La investigación parece muy abierta y la policía, volcada por la fama y el eco social de los fallecidos, no logra dar con la pista adecuada. Bajo esta presión deberán trabajar Melchor, Salom, Blai y demás compañeros de la policía.

Cercas, Terra Alta y sus 4 pilares.

La fórmula empleada por Cercas en “Terra Alta” no es muy novedosa. Pero, y esto es mérito del autor, fundamenta la trama en 4 elementos que dotan de aparente atractivo de cara al público general que puede comprar la novela:

El primero de estos pilares lo encontramos en los ataques terroristas de Barcelona y Cambrils perpetrados en 2017. Melchor, el protagonista de origen humilde, es un Mosso d’Esquadra que tiene un papel fundamental al evitar una masacre en esta segunda localidad. Aquellos ataques, que traumatizaron a la sociedad, se pasan de puntillas pero son claves en la vida del protagonista de la novela, cuya intervención heroica propiciará que sus superiores le quieran proteger y le destinen a Terra Alta, donde comenzará una nueva vida.

En el mismo año se produjo el intento de Referéndum sobre la independencia de Cataluña del 1 de octubre. Cercas, o la Editorial, tratan de hacer ver que en la novela se trata el Independentismo catalán y la fractura social, algo que no sucede de facto. Cercas trata de fundamentar la novela pero no se moja. Aunque un lector mal pensado, como yo, puede percatarse, a poco que esté despierto, que lo hace muy de pasada, muy equidistante, y con leves menciones temporales. Como si no quisiera levantar ampollas en ninguno de los dos bandos.

Los miserables de Victor Hugo es otro de los bastiones de la trama de Cercas. Melchor lee, en uno de los momentos más oscuros de su vida, la famosa novela, pero no sólo le cambia la vida en este momento. Más adelante será la excusa que le unirá a Olga, su pareja, y guiará sus elucubraciones y pensamientos. Además de regir y ser una especie de doctrina en la que basarse a la hora de tomar las decisiones éticas más comprometidas en su trabajo como policía. Este es uno de los puntos fuertes de la novela, y el protagonista llega a situarse entre los distintos personajes que en su día creó Víctor Hugo para tratar de entender todo lo que está sucediendo.

La batalla del Ebro. El punto álgido de la Guerra Civil española que tuvo como escenario la Terra Alta, entre otras zonas, y cuyas heridas aún perduran es el último de los puntales de la novela. En este tema el Cercas de Soldados de Salamina se luce más, y esto sucede porque “se moja”, porque conoce el tema y novelarlo le resulta más sencillo, porque aporta puntos de vista de ambos bandos, aunque sea parcial (aunque en su defensa cabría preguntarse que quién no lo es).

En este último punto el autor no se esconde o se pone de perfil, como hace con el tema del independentismo. Algo que sí utiliza su editorial como reclamo. Cuatro comentarios al respecto y listo.

Un “elenco” de secundarios.

Aunque no es que Cercas haga un retrato pormenorizado de los personajes, si es cierto que el abogado de Melchor Marín es uno de esos personajes tan misteriosos como entrañables, con Vivales hay un halo de misterio y un enigma: ¿por qué se toma tantas molestias con Marín durante toda su vida? ¿Qué relación tuvo con su madre?

Otro de esos personajes entrañables es Carmen Lucas, compañera de la madre de Melchor, cuando ambas ejercían la prostitución. Las lecciones de vida y la paz que trasladarán a Melchor se presentan en un fragmento de la novela que transmite sosiego. Cercas logra humanizar a estas mujeres a través del drama de la pérdida de la madre de Melchor.

El Francés es el tercero de los personajes inolvidables de la novela. Un loco de la literatura en un ambiente hostil y poco propicio, a priori, para ello, que cambiará el rumbo de la vida de Melchor Marín en el lugar más impensable.

Pero si un personaje destaca sobre todos es el protagonista: Melchor Marín. Un joven, aparentemente carne de cañón, que le logra dar la vuelta a su vida pero sobre quien la desgracia siempre sobrevuela. Un policía honrado y diligente que se enfrenta a disquisiciones éticas y morales de altos vuelos.

Opinión sobre Terra Alta.

Esta reseña iba a titularse de otro modo, iba a ser más duro. Es cierto que la novela presenta fragmentos brillantes, y cuenta con un final decente para la tónica general de una historia que acompaña a la prosa de su autor: es aburrida.

Igual es injusto decir que Javier Cercas es un escritor sobrevalorado, y daría para un largo debate. Pero leído “El impostor” y leído “Terra Alta” quien escribe tiene la sensación de que no volverá a engañarme. Es un desencuentro tal que no creo que me atreva a leer otro de sus libros.

Ni una novela policíaca con argumentos sólidos, ni la brillantez de la comparativa con la novela de Víctor Hugo, una osadía a la vista del resultado general de la obra, ni tan siquiera el homenaje que Cercas logra hacer a una comarca maltratada y arrinconada por el resto de conciudadanos, logran evitar el tedio de su prosa en muchos fragmentos de la novela. Es incomprensible que una novela de estas características logre el premio Planeta, a menos que entendamos a los críticos con este premio por ser lo que es: un premio comercial a un escritor.

En mi contra, y no he venido hoy para hablar de mí, mi parcialidad tras leer estas dos novelas de Javier Cercas. Pero faltaría a la verdad y a mi compromiso con las reseñas y críticas si recomendara esta novela. Puede que el premio le venga grande, puede que sin la aureola de “la novela ganadora del Premio Planeta 2019” la lectura partiera desde una menor expectativa. Pero ni un argumento ni el otro me convencen. Valoración: 6.5.

Buenas noches y buena suerte.

Chirbes nos dejó pocas semanas después de que lo hiciese padre. Ambos fruto de un cáncer. De mi padre no vine a hablar hoy, sólo me resultó cruelmente curioso que fallecieran el mismo verano, una crueldad un tanto macabra para mí pero irrelevante para el lector. A Don Rafael no le conocí, aunque nos dejó un legado tan inmenso, y tan eterno, que debería ser leído en los institutos, al menos debería leerse uno de sus libros. No me atrevo a escoger entre En la orilla o Crematorio, nunca fui de escoger entre mis dos progenitores. Pero como ni soy profesor ni soy viral, seguramente esta reivindicación quedará en el saco de las reivindicaciones personales no logradas.

Crematorio es uno de los libros más icónicos de la literatura española de principios del siglo XXI. Fue premonitorio y es paradójico que lo sea porque se publicó en el momento previo a la implosión de la crisis de la avaricia, del final de aquellos años de vino, rosas y algo más vividos en estas tierras del “Levante”, como osan llamarnos desde ciertos sectores de la Meseta.

Anagrama fue la editorial encargada de la publicación de un libro que logró encandilar a público y crítica, y que le valió a Chirbes el Premio Nacional de la Crítica y el V Premio Dulce Chacón.

 

Misent como eje de la obscenidad urbanística.

Chirbes nunca desveló la verdadera identidad de Misent, ese pueblo que salta a ciudad a lomos de la especulación inmobiliaria de finales del siglo XX y principios del XXI. Con bastante certeza arriesgaría algún dedo a que es Denia.

Portada de Crematorio.

Denia, como Misent, es ese compendio de mafias urbanísticas que nunca supo ordenar su crecimiento y que siempre tuvo un tufillo a especulación desmedida aprovechando su idílica ubicación geográfica y su clima. Que me perdonen los habitantes del lugar en el que nací, pero creo que es inevitable ver a la antigua Dianium de los romanos plasmada en esta novela.

Conflictos a cuenta del arte y respeto por el urbanismo primigenio, por los restos de romanos, íberos y musulmanes, que se produce entre dos generaciones de Bertomeu.

 

La muerte como excusa.

En Crematorio la muerte de Matías es el comienzo. Es un arranque en el que todo queda por hacer, como así sucede con la familia, como ocurre con la partida, prematura o no, del tío, hermano, marido, exmarido o amigo.

Cada capítulo está narrado desde el prisma de un personaje, todos ellos son cercanos a Rubén Bertomeu, todopoderoso promotor inmobiliario, arquitecto de dudosa reputación y que ha creado un emporio a lo largo de los años. Matones del este, prostitutas, parejas actuales, hija, examigos, antiguos trabajadores, yernos sabelotodo que prepara la biografía del examigo y escritor Federico Brouard. Todos irán narrando la historia desde su punto de vista, introduciendo o dejando entrever lo sucedido.

La novela lo tiene todo: un pasado nostálgico de dos hermanos que se fueron separando, una época estudiantil vinculada a los movimientos de izquierdas surgidos de mayo del 68, arte, mucho arte. Una hija que declina seguir con el camino iniciado por el padre pero que en cambio no duda en disfrutar de los beneficios de esos negocios de dudosa reputación u origen. Un padre, a su vez celoso, al ver que el tío idolatrado capta el cariño y el respeto de su hija. Al comprobar que las apariencias ganan y provocan que Matías sea el Bertomeu favorito de su madre y de su hija. La hija tampoco soporta a la mujer de su padre, más joven que ella, y la amante se ríe de toda la familia y sólo piensa en disfrutar y vivir con su pareja.

Crematorio es también la vida que llevaron muchos al servicio de estos magnates del ladrillo, la servidumbre remunerada pero poco agradecida, las adicciones, los lujos desmedidos, las familias rotas por terrenos que son clave para el pelotazo urbanístico.

No leí En la orilla primero a sabiendas. Fue así, casual, pero acabado Crematorio uno tiene la sensación de que son dos novelas que retratan una sociedad enferma de codicia. Que piensa que el fin justifica los medios.

Crematorio es también una oda al pensamiento filosófico actual. Hay frases trascendentales en cualquier reflexión, en cada pensamiento de uno de los personajes puede surgir una reflexión que te invade toda la tarde. “La oscuridad es el estado natural: en cuanto el hombre se descuida, vuelve lo oscuro. En la vida privada ocurre lo mismo. En cuanto te descuidas tres o cuatro días sin hacer limpieza, lo oscuro, lo sucio, lo prehumano, empieza a comerte.”

Este libro es un canto al arte desmedido, desde Yo confieso, de Jaume Cabré, no tropezaba con una obra similar. Ópera, literatura, música clásica, arquitectura, urbanismo, escritores, debates culturales. Todo tiene cabida en el libro, frente a ello el autor confronta el nivel cultural de la mano de obra barata: trabajadores, matones, prostitutas, en ellos no se produce esa reflexión desde el punto de vista más culto. En el personaje de Rubén Bertomeu el autor imparte auténticas clases magistrales sobre Shostakóvich, Nevski y otros temas de la música clásica.

Chirbes aprovechó la ocasión para despacharse a gusto con la sociedad de la época, la sociedad de principios del siglo XXI, con recados varios, muchos centrados en los momentos previos y posteriores a la muerte de un ser humano. Por el comportamiento, tantas veces ridículo, de quienes rodean a los difuntos. Como, por poner un ejemplo, los dedicados a modas mortuorias de cariz progresista, como poner a Joan Manuel Serrat en los entierros.

Muchos pasajes también reflexionan sobre la evolución de sus compañeros de andanzas en el Madrid antifranquista de los 60 y principios de los 70. Mucho de ello es autobiografía novelada, supongo, a la luz de la historia personal del escritor. Que también rinde homenajes a otros escritores, como Ramón J. Sender y a su primera novela: Imán.

La prosa de Don Rafael Chirbes es tan excelsa, tan envolvente, que las horas leyendo Crematorio pasan volando. Estar despierto, atento a cada frase, es una obligación que el lector contrae con un libro que debiera ser leído en los institutos del país. Entender la corrupción a través de Rubén Bertomeu, entender a una familia dividida entre la codicia y las apariencias, porque nadie parece querer renunciar a las prebendas derivadas de la especulación urbanística, pero tanto Matías, como Brouard, como su propia hija, Silvia, y su marido, son capaces de firmar un escrito en contra de un PAI que beneficiaría al protagonista.

Quiero acabar citando un pequeño fragmento de los últimos pasajes de la novela, por resumir éste el pensamiento que transciende al leit motiv de la novela: “Como a los hombres nos separa sólo un no sé qué del genoma de los monos, o aún más, de las ratas o de las moscas, un desvío imperceptible. Pero está ese desvío. No se puede evitar. Casi nada, pero decisivo, y, además, este ajetreo de la vida dura tan poco, hija mía. Te mueres, y también esa pequeña desviación en el ángulo se esfuma. Mis nietos llevan el mismo camino que sus padres. Eso me parece más normal, signo de los tiempos. Pero ahora el ideal, la mentira que uno se forma en la cabeza, tiene que ver con el arsenal de valores románticos de entrega, sacrificio, todo aquello que recogió de las literaturas del XIX el republicanismo español y que cultivamos los antifranquistas de nuestra generación y los de la generación de Matías: lo de ahora tiene que ver con el egoísmo, con lo que uno quiere poseer, con el consumo, con las campañas que diseñan las agencias publicitarias. Son, se quiera o no, ideales más miserables, aunque quién sabe si también menos dañinos y que, aunque parezca extraño, me resultan más cercanos, al menos más comprensible. Si algo he aprendido es que el hombre no es exactamente dueño de sus actos. Intentaba decírtelo antes, Silvia. Hay en la humanidad, como en la naturaleza, ciclos, movimientos que todo el mundo ve que se producen y que nadie sabe cómo impedir.”

Podría citar otros fragmentos, pero no está en mi ánimo y me gustaría que el lector de esta entrada de Los Mundos de Josete que no haya leído Crematorio lo haga. Por mensajes como el citado, por el alegato final de Bertomeu a su hija a los tiempos, por su justificación, o su intento de parecer un hombre íntegro. Porque Chirbes es capaz de conseguir que un especulador urbanístico te parezca un tipo íntegro. Porque tras todo ello hay un concepto que emerge, tanto al principio como al final: la providencia. El ideal, tan personal e intransferible, de la justicia.

Crematorio es una obra única. Es el momento de mencionar que Chirbes es uno de mis escritores favoritos, porque él, como pocos, supo novelar la historia de aquella locura de principios de siglo que tanta resaca ha dejado en estas tierras. No puedo más que valorar este libro con un 9. Siento el forofismo.

Buenas noches y buena suerte.